Como detectar una buena oferta de verdad (y no caer en descuentos falsos)

Casi todas las guías para detectar ofertas falsas acaban pidiendo lo mismo: que uses el criterio. Desconfía si el descuento es muy grande. Sospecha si la tienda no te suena. Fíjate en si el precio original te cuadra.

Es un consejo razonable y tiene un problema de fondo. El porcentaje lo calcula quien vende, y el precio que aparece tachado lo elige quien vende. Juzgar un descuento con criterio es opinar sobre un número que otro ha escogido para que opines exactamente eso.

Hay otra manera. Consiste en apoyarse en tres cosas que el vendedor no controla: lo que costaba ese producto hace un mes, lo que cuesta hoy en otra tienda y lo que vas a pagar por cada vez que lo uses. Ninguna de las tres aparece en el cartel, y las tres se pueden conseguir antes de pagar.

Este artículo repasa el método de la versión publicada paso por paso —que es bueno y en su mayoría se mantiene— y cambia la parte que no funciona.

Cuántas de las ofertas de campaña eran ofertas

83 de cada 100 no eran oferta

El artículo dice que «muchas promociones se basan en precios inflados». La frase es correcta y no se puede hacer nada con ella, porque no dice cuántas.

Hay un seguimiento que sí lo mide. La organización británica de consumidores Which? rastreó el precio de 175 productos de hogar, tecnología y salud en ocho grandes minoristas —Amazon, AO, Argos, Boots, Currys, John Lewis, Richer Sounds y Very— durante doce meses, de mayo de 2024 a mayo de 2025. Es decir, seis meses antes y seis después del periodo de rebajas de Black Friday de 2024.

El resultado: el 83% de esos productos estuvo igual o más barato en al menos una ocasión fuera de las cuatro semanas de la campaña.

Y hay un dato que cierra la discusión todavía mejor. De los 175 productos rastreados, ninguno alcanzó su precio más bajo exclusivamente el día del Black Friday. Ni uno. El día que da nombre a la campaña no aportó ningún precio que no se pudiera conseguir en otro momento del año.

La diferencia entre minoristas es grande y también dice algo. En el mejor de los ocho, Richer Sounds, el 55% de los productos estuvo igual o más barato fuera de la campaña. En el peor, John Lewis, el 94%. Incluso en el mejor caso, más de la mitad.

Conviene leer esto con precisión, porque no dice que no haya buenas ofertas. Un 17% de los productos sí tuvo su mejor precio del año durante la campaña, y para quien compraba justo eso, la campaña funcionó. Lo que cae es la premisa de fondo: que un precio de campaña sea, por serlo, el mejor precio disponible.

También conviene decir los límites del estudio. Es el Reino Unido, son ocho tiendas y son tres categorías de producto. La moda, el juguete o el pequeño electrodoméstico podrían comportarse de otra forma, y no lo sabemos.

Y una parte no es casualidad

Una fracción de esos precios no es un accidente del calendario comercial. Es exactamente la maniobra que describe el artículo original: subir el precio poco antes de la campaña para poder bajarlo después y llamarlo rebaja.

Eso se persigue y se sanciona. El Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 multó a siete empresas con cerca de 350.000 euros por elevar el precio de varios productos días antes del Black Friday, devolverlos después a su precio original durante la campaña y presentarlos como ofertas.

Merece la pena separar las dos cosas, porque llevan a acciones distintas. Una es el fraude deliberado, que tiene norma y sanción. La otra, mucho más frecuente, es sencillamente que un precio de campaña no tiene por qué ser el mejor del año, sin que nadie haya hecho nada ilegal. Contra la primera hay una autoridad. Contra la segunda solo hay una cosa: saber cuánto costaba antes.

Por qué el porcentaje no se puede juzgar con lógica

El porcentaje es el anzuelo

Este es el paso del artículo original que hay que cambiar entero. Dice que los descuentos moderados en productos muy demandados son más creíbles que las rebajas del 70 u 80%, y que un porcentaje muy alto es una señal de alerta.

Empecemos por un ejemplo sencillo, con cifras inventadas. La tienda A anuncia un producto a 60 euros, tachando 100: un 40% de descuento. La tienda B anuncia el mismo producto a 60 euros, tachando 200: un 70%.

Según el criterio del artículo, la segunda es sospechosa y la primera es razonable. Las dos te cobran exactamente 60 euros por el mismo producto. Lo único que cambia es el número que cada una eligió poner al lado, y ese número no es un dato del mercado: es una decisión comercial.

Ahora la parte incómoda. Existe un metaanálisis clásico sobre cómo la presentación del precio afecta al ahorro percibido: Krishna, Briesch, Lehmann y Yuan, publicado en el Journal of Retailing en 2002, que reúne 20 artículos, 30 estudios y 345 observaciones.

Tres de sus hallazgos importan aquí:

  • La presencia de un precio de referencia aumenta el ahorro percibido. Poner un número tachado al lado hace que la misma cifra parezca mejor oferta.
  • Los precios recomendados por el fabricante no lo aumentan de forma significativa. La gente desconfía de esa clase de referencia, y con razón.
  • Y el que desmonta el consejo: un importe de descuento muy grande, aunque resulte inverosímil, puede tener más impacto sobre el ahorro percibido que uno menor.

Dicho de otro modo: reconocer que una rebaja es exagerada rebaja el efecto, pero no lo anula. Un número grande sigue moviendo más que uno pequeño, incluso cuando no te lo crees del todo.

Los límites de esta evidencia hay que decirlos. El metaanálisis reúne sobre todo experimentos, muchos con estudiantes y con productos simulados, y mide percepciones declaradas, no compras reales en una tienda. Es una base sólida sobre el mecanismo, no una medición del comercio español o mexicano.

Lo que hace un precio tachado antes de que empieces a pensar

El problema práctico de «juzga el porcentaje con lógica» es de orden. Cuando te pones a juzgarlo, el porcentaje ya ha hecho tres cosas:

Ha fijado tu punto de comparación. Antes de verlo no tenías una referencia para ese producto. Ahora la tienes, y la ha puesto el vendedor.

Ha convertido el precio en ahorro. Dejas de evaluar cuánto cuesta y pasas a evaluar cuánto te quitas. Sesenta euros es un gasto; un 70% es un premio. Son la misma operación bancaria.

Ha reducido tus ganas de seguir buscando. Si crees que ya tienes un buen precio, comparar deja de parecer necesario. Es el efecto que más dinero cuesta y el único que no se nota.

La instrucción que sí se puede seguir es más simple y más antipática: tapa el tachado y mira solo el precio que vas a pagar. Después compara ese número con dos cosas que el vendedor no controla. Las dos secciones siguientes van de eso.

Desde 2024, el descuento tiene que salir del precio más bajo del mes

La regla que obliga al descuento

En España existe desde el 28 de mayo de 2022 una regla que el artículo original no menciona. El artículo 20.1 de la Ley de Ordenación del Comercio Minorista obliga a que, en cada artículo ofertado con reducción de precio, figure con claridad el precio anterior junto al reducido. Y define qué es ese precio anterior: el menor aplicado sobre productos idénticos en los treinta días precedentes.

En septiembre de 2024 llegó la pieza que faltaba. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea resolvió el asunto C-330/23, en un litigio entre una asociación alemana de consumidores y una cadena de supermercados, y estableció que una reducción anunciada en forma de porcentaje —o mediante un reclamo destinado a destacar lo ventajoso del precio— debe determinarse sobre la base de ese precio anterior.

La diferencia entre las dos cosas es todo. Antes bastaba con enseñar el precio anterior en algún sitio del cartel. Ahora el porcentaje tiene que salir de ahí.

El caso concreto ayuda a entenderlo. El folleto discutido ofrecía plátanos ecológicos de comercio justo a 1,29 euros y piñas a 1,49, con 1,69 tachado en cada caso y una mención que subrayaba lo ventajoso del precio. La pregunta era si ese reclamo podía apoyarse en cualquier precio anterior. La respuesta fue que no.

Un ejemplo inventado enseña qué cambia. Un producto cuesta 100 euros durante meses. Tres semanas antes de la campaña baja a 70. Llega la campaña y se pone a 60.

  • Con el criterio antiguo, el cartel podía anunciar un 40% de descuento, calculado sobre los 100 euros.
  • Con la sentencia, el precio anterior legal son los 70 euros, así que lo que puede anunciar es un 14%.

El precio final es el mismo en los dos casos: 60 euros. Lo que cambia es el tamaño del número que te enseñan. La regla no abarata nada. Impide exagerar, que es distinto y también sirve.

Lo que puedes comprobar en el propio cartel

De todo lo anterior salen dos comprobaciones que tardan segundos y que no dependen de tu criterio:

Que el porcentaje cuadre con el tachado. Divide el precio actual entre el precio anterior. Si el resultado no coincide con el descuento anunciado, hay algo que no encaja, y ya tienes un motivo concreto para preguntar o para marcharte.

Que haya un precio anterior a la vista. Si un anuncio de rebaja no muestra ninguno, en España está incumpliendo una obligación fácil de cumplir. Eso, por sí solo, es información sobre esa tienda.

Dos advertencias sobre el alcance. La sentencia interpreta una directiva europea, así que vincula a los veintisiete Estados miembros, pero fuera de la Unión Europea no se aplica, y eso incluye a México. Y la norma disciplina el porcentaje, no el precio: un descuento correctamente calculado sobre un producto caro sigue siendo caro.

Para eso hace falta la otra comparación.

El descuento que nadie anuncia: la diferencia entre tiendas

El descuento que nadie anuncia

Aquí está, a nuestro juicio, el dato que reordena el artículo entero.

La PROFECO publica los precios que recoge en tiendas de todo México con su herramienta Quién es Quién en los Precios. En julio de 2025 difundió el resultado de un monitoreo de útiles escolares, y las cifras son de otro orden de magnitud que cualquier rebaja:

  • Cuaderno profesional de 100 hojas, cuadro grande: 19,50 pesos en una papelería tradicional de Acapulco; 129,00 en Chedraui. Son 6,6 veces de diferencia.
  • Tijeras escolares: 14,60 pesos en una papelería de Acapulco; 72,00 en Office Max. 4,9 veces.
  • Goma de borrar, blíster de dos piezas: 11,25 pesos en una papelería de Iztapalapa; 58,00 en Office Max. 5,2 veces.
  • Bolígrafos, bolsa de tres piezas punto mediano: 12,00 pesos en Bodega Aurrera; 23,00 en Chedraui. Las dos tiendas, en la misma ciudad.

Traducido al lenguaje del artículo: comprar el cuaderno en la papelería barata en vez de en la tienda cara equivale a un descuento del 84,9%. Ninguna campaña del año va a ofrecer ese porcentaje. Y aquí no hace falta esperar a noviembre, ni que nadie tache un precio, ni que caduque un contador.

Esa comparación tiene tres ventajas sobre el precio histórico que recomienda buscar el artículo original. Está disponible todos los días, porque la dispersión entre tiendas no depende del calendario. No depende de ningún precio tachado, porque son dos precios que se pagan de verdad en dos cajas registradoras distintas. Y se comprueba ahora mismo, mientras que un precio histórico exige herramientas y memoria.

Hay un detalle que rompe una intuición habitual: en este monitoreo las papelerías de barrio aparecen entre los precios más bajos y las cadenas grandes entre los más altos. El tamaño de la tienda no anticipa el precio.

Conviene decir qué no son estas cifras. Son los extremos de un monitoreo concreto, no un retrato de todo el comercio, y la mayoría de las tiendas estará en medio. Además el monitoreo registra precios de artículos descritos con la misma denominación y presentación, lo que no garantiza que sean idénticos en marca o en acabado.

Queda una pregunta razonable: por qué existe un hueco así en algo tan simple como un cuaderno. La respuesta probable es que casi nadie compara el precio de un cuaderno. Es barato, se compra con prisa y nadie recuerda lo que pagó el año pasado. Donde no hay comparación, los precios se separan. Con un televisor pasa lo contrario, porque todo el mundo mira tres webs antes de comprarlo. Se compara mucho justo donde hay menos que ganar.

Dónde mirar el precio de referencia según dónde vivas

El artículo original dice que «en algunos países existen herramientas oficiales y comparadores». Es verdad, y merece la pena nombrarlas.

En México: qqp.profeco.gob.mx, la herramienta Quién es Quién en los Precios de la PROFECO. Es pública, gratuita y recoge alimentos, bebidas, productos de aseo personal y del hogar, medicinas, electrodomésticos y artículos de temporada. Es, literalmente, el precio de referencia que el artículo recomienda buscar sin decir dónde.

En España y la Unión Europea: el precio anterior tiene que estar en el propio cartel, junto al reducido. No hace falta buscarlo en ningún sitio. Hace falta leerlo y comprobar que la cuenta cuadre.

En los dos casos: las capturas de pantalla. Fotografiar el precio de los artículos que te interesan unas semanas antes de la campaña es la versión casera y gratuita del precio histórico, y es de lo mejor que propone el artículo original.

Los cinco pasos del artículo, con lo que les falta

Los cinco pasos con lo que falta

El método de la versión publicada está bien construido y el orden es razonable. Este es el repaso, paso por paso.

1. Conoce el precio real antes del descuento. Es el mejor paso del artículo y está en el sitio correcto, el primero. Le falta el dónde, que acabamos de ver: la herramienta de la PROFECO en México, el cartel obligatorio en España y la Unión Europea, y las capturas propias en cualquier parte.

2. Analiza el porcentaje de descuento con lógica. Se cae, por todo lo visto más arriba. Se sustituye por dos comprobaciones concretas: que el porcentaje cuadre con el tachado, y que el tachado sea el precio más bajo del último mes.

3. Revisa el precio final, no solo el anuncio. Correcto y muy práctico. Llevar la compra hasta el último paso del carrito sin pagar es un buen consejo. Solo hay que subirlo de categoría: en la Unión Europea el precio total con impuestos y gastos de envío debe aparecer antes de que quedes vinculado, y un cargo colado mediante una casilla ya marcada por defecto es reembolsable.

4. Evalúa la tienda, la oferta y el contexto. Todo lo que dice es razonable, pero responde a otra pregunta: si te van a estafar, no si el precio es bueno. Conviene separarlo, porque mezclar fraude y precio en la misma lista hace que ninguno de los dos pese lo suficiente. Una tienda impecable puede vender caro, y una barata puede ser perfectamente fiable.

5. Define si la oferta es buena para ti. El coste por uso es la mejor idea de todo el artículo y se queda en una frase suelta. Le falta la fórmula, un ejemplo y un umbral. La sección siguiente se ocupa de eso.

Y faltan dos pasos que el artículo no tiene. Uno va antes de todos: escribir el precio máximo que estás dispuesto a pagar antes de mirar ningún cartel, que es la única manera de tener una referencia que no haya elegido el vendedor. El otro va al final: mirar el precio de hoy en otras dos tiendas, que es más rápido que buscar un histórico y, en artículos cotidianos, bastante más rentable.

La decisión, en tres números

La decision en tres numeros

Reducido a lo esencial, decidir una compra en campaña necesita tres cifras. Ninguna de las tres es el porcentaje.

El precio de referencia real. No el tachado: el precio más bajo que tuvo ese producto en los treinta días anteriores, que además es el que la ley europea obliga a usar como base del descuento. El precio final. El del último paso del carrito, con envío, cargos e impuestos, que es el único que sale de tu cuenta. Y el coste por uso, que es lo que convierte un precio en una decisión.

El coste por uso, con la cuenta hecha

La fórmula no tiene misterio:

coste por uso = precio final ÷ veces que lo vas a usar

Lo difícil no es la división. Es ser honesto con el segundo número.

Un ejemplo, con cifras inventadas. Tienes delante tres opciones:

La opciónPrecio finalUsos previstosCoste por uso
La rebajada, con un 60% de descuento40 €220 €
La cara, sin descuento, que ibas a comprar igualmente120 €1001,20 €
No comprar nada, porque lo que tienes todavía sirve0 €—0 €

La opción con el descuento más grande es la más cara por uso, y por mucho. Veinte euros cada vez que la usas, frente a uno veinte. Es la razón por la que un 60% puede salir peor que un 0%, y no hay ningún porcentaje en ningún cartel que lo diga.

El paso que más gente se salta es el tercero. La alternativa de no comprar existe siempre, sale gratis y casi nunca aparece en la comparación.

La lista, en el orden en que conviene usarla

El checklist de la versión publicada tiene seis puntos y todos son pertinentes. Lo que cambia es el orden, y el orden importa mucho, porque las primeras preguntas eliminan compras enteras y las últimas solo las afinan.

  1. ¿Lo ibas a comprar igualmente? Si la respuesta es no, ninguna de las otras preguntas importa. El artículo original la deja para el final; va la primera.
  2. ¿Cuánto cuesta ahora en otras dos tiendas? Es la comprobación más rápida de todas y, en artículos cotidianos, la que más dinero mueve.
  3. ¿Cuál es el precio final? Con envío, comisiones e impuestos, hasta el último paso del carrito. Y repasa si hay casillas marcadas que no marcaste tú.
  4. ¿El tachado cuadra con el porcentaje? Divide y comprueba. Si no cuadra, o si directamente no hay precio anterior a la vista, ya has aprendido algo.
  5. ¿Cuánto sale por uso? Precio final entre usos previstos, siendo honesto con el segundo número.
  6. ¿Puedes esperar a mañana? Si la respuesta es sí, espera. La regla de enfriamiento que propone el artículo original es buena y se mantiene tal cual: es el antídoto directo contra la urgencia fabricada, y si el precio vuelve varias veces al año, esperar no cuesta nada.

Ninguna lista da certeza. Aprobar los seis puntos no garantiza que hayas hecho una compra excelente, y suspender uno no la condena. Lo que cambia es sobre qué estás decidiendo: sobre precios que existen, en vez de sobre un porcentaje que alguien eligió por ti.

Preguntas frecuentes

¿De verdad son falsos los descuentos del Black Friday?

«Falsos» es una palabra fuerte y conviene precisarla. Una parte lo es: el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 sancionó a siete empresas con cerca de 350.000 euros por inflar precios antes de la campaña para rebajarlos después.

Lo más frecuente es otra cosa, y es legal. En el seguimiento de Which? sobre 175 productos durante doce meses, el 83% estuvo igual o más barato en algún momento fuera de las cuatro semanas de campaña, y ninguno tocó su precio mínimo exclusivamente el día del Black Friday. No es que mientan: es que el precio de campaña no suele ser el mejor precio del año.

¿Cómo sé cuál era el precio antes de la rebaja?

Depende de dónde compres. En España y en la Unión Europea, el precio anterior tiene que figurar en el propio cartel junto al reducido, y debe ser el más bajo aplicado en los treinta días previos. No hay que buscarlo: hay que leerlo.

En México, la PROFECO publica precios reales recogidos en tiendas de todo el país en qqp.profeco.gob.mx, con alimentos, productos de aseo, medicinas, electrodomésticos y artículos de temporada.

Y en cualquier parte funciona la versión casera: hacer capturas de pantalla de los precios que te interesan unas semanas antes de la campaña.

¿Un descuento del 70% es sospechoso?

No más que uno del 20%, y esa es la parte contraintuitiva. Los dos se calculan sobre un número que elige el vendedor, así que ninguno de los dos informa por sí solo.

Además, según el metaanálisis de Krishna y colaboradores sobre presentación de precios, un importe de descuento muy grande puede mover más el ahorro percibido que uno pequeño aunque el comprador lo reconozca como inverosímil. Desconfiar no basta.

Lo que sí informa es la cuenta: divide el precio actual entre el tachado y comprueba si sale el porcentaje anunciado. Y compara el precio final con otras dos tiendas.

¿Qué hago si la rebaja no muestra el precio anterior?

En España, señalarlo. El artículo 20.1 de la Ley de Ordenación del Comercio Minorista obliga a que el precio anterior figure con claridad junto al reducido en cada artículo ofertado con reducción. Si no aparece, hay un incumplimiento, y puedes reclamar ante la autoridad de consumo de tu comunidad autónoma.

Como decisión de compra, la ausencia ya te dice bastante: si la tienda no puede o no quiere enseñar de qué precio parte, no tienes forma de evaluar la oferta y sí tienes una alternativa mejor, que es comparar con otra tienda.

¿Merece la pena esperar a la siguiente campaña?

Los datos sugieren que esperar a una campaña concreta rinde menos de lo que parece, porque el mismo precio suele repetirse varias veces al año. Lo que sí rinde es lo contrario: esperar un día antes de confirmar una compra impulsada por un anuncio.

La regla de enfriamiento que propone el artículo original es buena por un motivo aritmético. Si el precio va a volver, perder un día no cuesta nada; y si la urgencia era fabricada, un día basta para que se note.

Fuentes, limitaciones y aviso

Seguimiento de precios de campaña. Which?, análisis de precios de 175 productos de hogar, tecnología y salud en ocho minoristas del Reino Unido —Amazon, AO, Argos, Boots, Currys, John Lewis, Richer Sounds y Very—, rastreados durante doce meses, de mayo de 2024 a mayo de 2025, seis meses antes y seis después del periodo de rebajas de Black Friday de 2024 (del 15 de noviembre al 12 de diciembre). El 83% estuvo igual o más barato en al menos una ocasión fuera de esas cuatro semanas; ningún producto alcanzó su precio mínimo exclusivamente el día del Black Friday; el mejor minorista fue Richer Sounds, con un 55%, y el peor John Lewis, con un 94%. Limitación: es un mercado, ocho minoristas y tres categorías de producto.

Sanciones por falsas rebajas. Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, según información publicada por FACUA el 4 de julio de 2025: siete empresas sancionadas con cerca de 350.000 euros en conjunto por subir precios días antes del Black Friday y presentar como rebaja la vuelta al precio original. Las empresas no se identifican en esa información.

Efecto de los precios de referencia. Krishna A., Briesch R., Lehmann D. R. y Yuan H., «A meta-analysis of the impact of price presentation on perceived savings», Journal of Retailing, 2002, volumen 78, número 2, páginas 101–118. Reúne 20 artículos publicados, 30 estudios y 345 observaciones. Hallazgos citados: la presencia de un precio de referencia externo aumenta el ahorro percibido; los precios recomendados por el fabricante no lo aumentan de forma significativa; un importe de descuento muy grande, aun siendo inverosímil, puede pesar más que uno menor. Limitación del tipo de evidencia: son en su mayoría experimentos que miden percepciones declaradas, no comportamiento de compra observado.

Cálculo del descuento. Tribunal de Justicia de la Unión Europea, sentencia de 26 de septiembre de 2024, asunto C-330/23, Verbraucherzentrale Baden-Württemberg eV contra Aldi Süd Dienstleistungs-SE & Co. OHG, sobre la interpretación del artículo 6 bis, apartados 1 y 2, de la Directiva 98/6/CE. Los hechos del folleto (plátanos a 1,29 €, piñas a 1,49 €, 1,69 € tachado) proceden de la exposición del caso en la propia sentencia. En este artículo el fallo se resume, no se cita de forma literal.

Precio anterior en España. Ley 7/1996, de 15 de enero, de Ordenación del Comercio Minorista, artículo 20.1, en la redacción dada por el artículo 85 del Real Decreto-ley 24/2021, en vigor desde el 28 de mayo de 2022.

Precio total y casillas premarcadas. Real Decreto Legislativo 1/2007, texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, artículos 97.1.e) y 60 bis.

Dispersión de precios en México. Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO), comunicado «Quién es quién en el regreso a clases; Profeco informa precios mínimos y máximos de útiles escolares», 31 de julio de 2025, a partir del monitoreo de la herramienta Quién es Quién en los Precios. Precios en pesos mexicanos: cuaderno profesional de 100 hojas cuadro grande, 19,50 en una papelería tradicional de Acapulco y 129,00 en Chedraui Plan de Ayala (Cuernavaca) y Chedraui Barrio de Santiago (Puebla); tijeras escolares, 14,60 en una papelería tradicional de Acapulco y 72,00 en Office Max Miguel Hidalgo (CDMX); goma, blíster de dos piezas, 11,25 en Papelería Dabo Iztapalapa y 58,00 en Office Max Guerrero (Acapulco); bolígrafos, bolsa de tres piezas punto mediano, 12,00 en Bodega Aurrera Álvaro Obregón y 23,00 en Chedraui Venustiano Carranza, ambos en CDMX. Limitación: el monitoreo recoge precios de artículos descritos con la misma denominación y presentación, lo que no garantiza que sean idénticos en marca o calidad, y son los extremos registrados, no la media del mercado.

Cálculos propios. Son cálculo nuestro y no proceden de ninguna fuente: los factores de diferencia entre precios (129 ÷ 19,50 = 6,6; 72 ÷ 14,60 = 4,9; 58 ÷ 11,25 = 5,2; 23 ÷ 12 = 1,9) y el porcentaje equivalente ((129 − 19,50) ÷ 129 = 84,9%).

Elaboración propia. Son nuestros, y no conclusiones de las fuentes citadas: los dos ejemplos numéricos de tiendas con el mismo precio final, el ejemplo del descuento recalculado según la sentencia, el ejemplo del coste por uso, la descripción de los efectos de un precio tachado, el veredicto de cada uno de los cinco pasos, los dos pasos añadidos y el orden de la lista final. Las cifras de todos los ejemplos son inventadas y no corresponden a ningún producto ni comercio real.

Aviso. Este artículo resume normas de consumo con fines divulgativos y no sustituye a un asesoramiento jurídico. Las normas españolas y europeas citadas no rigen en México, donde se aplican la Ley Federal de Protección al Consumidor y la PROFECO. Para una reclamación concreta, consulta con la oficina de consumo de tu comunidad autónoma, con la PROFECO o con un profesional.

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