Consejos para comprar mejor y desperdiciar menos

El hogar mexicano promedio gasta 14,004 pesos cada trimestre en alimentos y bebidas que se consumen dentro de casa. Al año son 56,016 pesos.

Eso significa que cada punto porcentual de esa despensa que acaba en la basura cuesta 560 pesos al año. Si tiras el diez por ciento, son 5,601 pesos anuales. Si tiras el veinticinco, estás regalando un trimestre entero de despensa cada año.

Esa es la mitad del artículo. La otra mitad es más incómoda: una parte grande de lo que la gente tira no estaba echado a perder. Se tiró por una etiqueta que la norma mexicana define de una forma y que casi todo el mundo lee de otra.

Vamos a las dos cosas, con las cuentas y con la norma a la vista.

La respuesta corta

Si tienes prisa, esto es lo que hay que saber:

  1. «Consumir preferentemente antes de» no es «fecha de caducidad». La norma oficial mexicana dice de la primera que después de esa fecha «el producto preenvasado puede ser consumido». De la segunda dice que después «no debe comercializarse ni consumirse». No son sinónimos y confundirlas tira comida buena.
  2. Cada 1% de despensa tirada son 560 pesos al año en el hogar promedio. Es la cifra que convierte una molestia en una decisión.
  3. No existe una cifra confiable de cuánta comida desperdicia México. El informe de la ONU que todo el mundo cita trae cuatro estimaciones distintas del país y la más alta casi duplica a la más baja.
  4. La compra se decide antes de salir de casa. Tres minutos de inventario ahorran más que cualquier truco dentro de la tienda.
  5. El 3×2 en perecederos no es un descuento: es un adelanto. Solo sale a cuenta si de verdad vas a consumir las tres unidades antes de que se echen a perder.
  6. Los primeros diez minutos después de llegar deciden la mitad del desperdicio. Lo que se guarda bien y se ve, se come.
  7. Mide una semana antes de cambiar nada. Es lo único de esta lista que te dice tu número en vez del promedio nacional.

Lo que cuesta lo que tiras

Lo que cuesta lo que tiras

La mayoría de los artículos de este tema apela a la culpa. Este empieza por la cartera, porque la cartera funciona mejor.

El INEGI levanta cada dos años la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, y publica con detalle en qué gasta un hogar mexicano. En la edición de 2024, el rubro de alimentos, bebidas y tabaco fue de 17,982 pesos trimestrales por hogar, el 37.7% del gasto monetario.

Ese rubro viene desglosado, y el desglose es justo lo que necesitamos.

El dato exacto, y por qué usamos solo una parte

ConceptoPesos al trimestre
Alimentos y bebidas consumidas dentro del hogar14,004
Alimentos y bebidas consumidas fuera del hogar3,896
Tabaco82
Rubro completo17,982

Para este artículo solo sirve el primer renglón, y conviene explicar por qué: lo que se tira a la basura de casa es lo que se compró para comer en casa. Lo que se consume fuera ya se comió, y el tabaco no es comida. Usar los 17,982 habría inflado la cifra casi una cuarta parte sin ninguna razón.

Los 14,004 pesos del primer renglón son el 77.9% del rubro y el 29.4% del gasto monetario del hogar. Casi tres de cada diez pesos que salen de una casa mexicana son despensa.

La escala del desperdicio, en pesos

Multiplicando por cuatro trimestres, un hogar promedio gasta 56,016 pesos al año en despensa, o alrededor de 1,077 pesos por semana.

De ahí sale esta tabla, que es el corazón del artículo:

Si desperdicias…Al añoA la semana
5%$2,800.80$53.86
10%$5,601.60$107.72
15%$8,402.40$161.58
20%$11,203.20$215.45
25%$14,004.00$269.31
30%$16,804.80$323.17

Fíjate en el renglón del 25%. La cifra es exactamente la misma que el gasto de un trimestre, y no es casualidad: un cuarto del año es un trimestre. Dicho de otra forma, quien tira la cuarta parte de su despensa trabaja tres meses al año para llenar el bote de basura.

La fórmula, para tu caso

El promedio nacional no es tu casa. Así que la cuenta con tus números:

Lo que te cuesta el desperdicio al año  =
    ( lo que gastas al mes en despensa )
    × 12
    × ( el porcentaje que crees que tiras )

Y una advertencia sobre el último factor: casi todo el mundo se subestima. Por eso más abajo hay una sección para medirlo en una semana en vez de estimarlo, que es lo único que convierte esta fórmula en tu cifra y no en una conversación.

Si el gasto de despensa es un problema por sí mismo, antes que el desperdicio, el enfoque está en ahorrar sin dejar de comprar lo necesario.

Lo que esta cifra no dice

Tres cosas, y conviene decirlas antes de seguir:

  • Es un promedio nacional. Un hogar de una persona y uno de seis tienen gastos y desperdicios muy distintos, y la encuesta no dice cuántas personas hay detrás de ese promedio.
  • Incluye bebidas. El renglón es «alimentos y bebidas consumidas dentro del hogar», así que ahí van también refrescos, agua embotellada y café. No es solo comida.
  • No mide desperdicio. Mide gasto. El porcentaje que tú tiras lo pones tú, y por eso este artículo insiste en medirlo en vez de repetir un porcentaje de internet.

El dato mexicano que no existe

El dato que no existe

Aquí es donde este artículo se aparta de todos los demás del tema, y lo hace no con un dato sino con su ausencia.

Si buscas cuánta comida desperdicia México, vas a encontrar porcentajes repetidos en decenas de sitios, casi siempre sin fuente o con una fuente que a su vez no cita nada. Fuimos al documento que está debajo de casi todos ellos: el Food Waste Index Report 2024 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

Y ahí, en la tabla de América Latina y el Caribe, México no tiene una cifra. Tiene cuatro.

Las cuatro estimaciones

EstudioDónde midióKg por persona al año
Kneller y otros, 2019Nacional94
Ojeda-Benítez, Vega y Márquez Montenegro, 2008Mexicali126
Aguilar, Moreno y Moreno Pérez, 2017Berriozábal, Chiapas71
Aguilar Virgin y otros, 2010Ensenada, Baja California129

Entre la más alta y la más baja hay 58 kilos de diferencia por persona al año. La más alta es 1.82 veces la más baja. Y el propio informe clasifica todas las estimaciones de la región, salvo dos, como de confianza media.

Por qué esto importa y no es una queja

Podría parecer un detalle técnico. No lo es, por tres razones.

Primero, porque tres de las cuatro son estudios de una sola ciudad. Mexicali, Berriozábal y Ensenada no son México: son una ciudad fronteriza del desierto, un municipio de Chiapas y un puerto de Baja California. Que sus resultados difieran tanto es exactamente lo que uno esperaría, y por eso ninguno debería presentarse como cifra nacional.

Segundo, porque las fechas. Dos de los cuatro estudios son de 2008 y 2010. Los hábitos de compra de un hogar mexicano de 2008 y los de hoy no son los mismos.

Tercero, y es lo que importa para ti: cualquier artículo que te diga con seguridad cuánta comida tiras tú está inventando. Incluido el porcentaje que te pongan en un titular.

Esto no es una crítica al informe de la ONU, que hace lo correcto: publica lo que hay, dice de dónde salió cada cifra y marca su nivel de confianza. La crítica, si acaso, es para quien toma una de esas cuatro, le quita la etiqueta y la convierte en «los mexicanos tiran X».

Lo único que se puede decir con cierta base

Si tomamos la única estimación de alcance nacional —los 94 kilos por persona al año—, eso son unos 258 gramos de comida al día por persona. Un plato de comida, más o menos, cada día y por cabeza.

Es una cifra útil como orden de magnitud y nada más. Sigue siendo de confianza media, es de 2019 y no la verificamos en su estudio original, solo en el informe que la recoge. Por eso en este artículo aparece una vez, con todas esas advertencias, y no vuelve a usarse para ninguna cuenta.

Lo que sí puedes saber con certeza

Tu propio número.

Y es mucho más útil que el nacional, porque es el único sobre el que puedes actuar. La sección de la semana de medición, más abajo, explica cómo sacarlo en siete días con una libreta y sin cambiar nada de lo que haces.

Las dos fechas que no significan lo mismo

Las dos fechas

Esta es la sección que más comida va a salvar, y cabe en dos citas.

En México, el etiquetado de alimentos y bebidas preenvasados lo regula la NOM-051-SCFI/SSA1-2010, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 5 de abril de 2010. Es una norma oficial mexicana, es decir, de aplicación obligatoria.

Esa norma define dos fechas distintas. Van textuales.

Lo que dice exactamente la norma

Fecha de caducidad:

«Fecha límite en que se considera que las características sanitarias y de calidad que debe reunir para su consumo un producto preenvasado, almacenado en las condiciones sugeridas por el responsable del producto, se reducen o eliminan de tal manera que después de esta fecha no debe comercializarse ni consumirse».

Fecha de consumo preferente:

«Fecha en que, bajo determinadas condiciones de almacenamiento, expira el periodo durante el cual el producto preenvasado es comercializable y mantiene las cualidades específicas que se le atribuyen tácita o explícitamente, pero después de la cual el producto preenvasado puede ser consumido».

La frase que casi nadie ha leído

Vuelve a la última línea de la segunda definición:

«pero después de la cual el producto preenvasado puede ser consumido».

Está en la norma. No es una interpretación, no es un consejo de un blog: es el texto del documento que obliga a las marcas a poner esa fecha en el envase.

Y la diferencia con la primera definición no puede ser más clara. En la fecha de caducidad la norma dice que después «no debe comercializarse ni consumirse». En la de consumo preferente dice que puede ser consumido.

Qué hace cada una, en una tabla

Fecha de caducidadConsumo preferente
Qué mideSeguridad sanitariaCalidad: textura, color, sabor, aroma
Qué dice la norma después de esa fecha«no debe comercializarse ni consumirse»«puede ser consumido»
Qué haces túSe tira, sin discusiónSe revisa antes de decidir
Dónde aparece típicamenteLácteos frescos, carnes, embutidos, productos refrigeradosEnlatados, pastas, galletas, arroz, café, especias
La condición que trae la definición«almacenado en las condiciones sugeridas»«bajo determinadas condiciones de almacenamiento»

El detalle que las dos definiciones comparten y nadie menciona

Léelas otra vez con atención y verás que las dos están condicionadas al almacenamiento. La de caducidad dice «almacenado en las condiciones sugeridas por el responsable del producto». La de consumo preferente dice «bajo determinadas condiciones de almacenamiento».

Eso tiene una consecuencia que va en las dos direcciones:

  • Un producto mal guardado puede echarse a perder antes de su fecha. La fecha no es una garantía si dejaste el yogur cuatro horas en el coche.
  • Un producto bien guardado suele aguantar más allá de su fecha de consumo preferente, que es precisamente lo que la norma reconoce al decir que puede consumirse.

La fecha del envase describe un producto que se guardó como el fabricante dijo. Si vas a apoyarte en ella, la otra mitad del trato te toca a ti.

Cómo se revisa lo que pasó el consumo preferente

Va como criterio práctico, no como norma, y con una advertencia de peso que viene después:

  1. Mira el envase antes que el producto. Una lata abombada, oxidada o con fugas, o un empaque al vacío que perdió el vacío, se tira sin abrir. Eso no se negocia.
  2. Huele. Es el sentido que más rápido detecta rancidez en aceites, frutos secos, harinas integrales y lácteos.
  3. Mira. Moho, cambios de color fuertes, separación que no se reintegra al agitar.
  4. Prueba una cantidad mínima solo si lo anterior pasó bien, y solo en productos de bajo riesgo: galletas, pasta seca, arroz, especias, enlatados en buen estado.

Y la advertencia, que pesa más que los cuatro pasos: este criterio es para productos con fecha de consumo preferente. No aplica a nada que traiga fecha de caducidad, ni a alimentos de alto riesgo como carne, pescado, huevo, lácteos frescos o platillos preparados. Ahí la regla es la de la norma: pasada la fecha, no se consume. Y si en cualquier caso tienes duda, la duda gana.

Los productos que no llevan fecha

Hay una categoría entera donde la discusión ni siquiera aplica: la fruta, la verdura, la carne a granel y el pan de la panadería no llegan a casa con fecha impresa.

Ahí no hay etiqueta que interpretar, y por eso son justamente los que más se tiran. Todo lo que viene después de esta sección —la planificación, el orden del refrigerador, la regla de lo viejo adelante— existe sobre todo para ellos.

Antes de salir: donde se gana la compra

Antes de salir

Todo lo que se hace dentro del supermercado es corrección de daños. La compra se decide antes, en la cocina, y cuesta unos diez minutos.

Van los tres pasos, con lo que tarda cada uno.

Paso 1: el inventario de tres minutos

Abre el refrigerador, el congelador y la alacena, con el teléfono en la mano, y fotografía cada uno. Tres fotos.

Suena tonto y resuelve el error más caro de la compra: comprar lo que ya tienes. Todo el mundo lo hace, y no por descuido, sino porque nadie recuerda el fondo de una alacena estando en un pasillo.

Mientras tomas las fotos, haz una cosa más: empieza por lo que está a punto de pasarse y anótalo aparte. Eso no es inventario, es el menú de los próximos dos días.

La regla que sale de aquí: nada entra a la lista si ya hay algo en casa que cumple la misma función. Si hay media bolsa de arroz, no entra arroz aunque esté en promoción.

Paso 2: el menú al revés

El orden natural es decidir qué quieres comer y comprar los ingredientes. Ese orden genera desperdicio, porque ignora lo que ya está en casa.

El orden que funciona es el contrario: parte de lo que hay y decide qué se puede cocinar con eso. Después compra solo las piezas que faltan.

Con dos matices que hacen la diferencia:

  • Planifica menos comidas de las que tiene la semana. Si planeas siete cenas, vas a comprar para siete y vas a cocinar cuatro, porque un martes alguien llega tarde y otro día sobra comida del día anterior. Planear cinco y dejar dos abiertas se parece mucho más a como vive la gente.
  • Repite ingredientes entre platillos. Un manojo de cilantro que aparece en tres recetas de la semana se acaba; uno que aparece en una, se pudre. Es la razón número uno por la que las hierbas frescas terminan en la basura.

Si el problema de fondo es que no hay un momento en la semana para pensar esto, la forma de meterlo en la rutina está en cómo organizar tu día.

Paso 3: la lista que sí se sigue

Una lista mal hecha se abandona a mitad del pasillo. Cuatro detalles la salvan:

  1. Escrita en el orden de los pasillos, no por categorías mentales. Empiezas por frutas y verduras porque es por donde entras, y terminas por refrigerados porque están al fondo.
  2. Con la cantidad anotada, no solo el nombre. «Jitomate» es una invitación a llevar el paquete grande; «6 jitomates» es una instrucción.
  3. Separada en dos bloques: lo que aguanta y lo perecedero. El primer bloque admite aprovechar una promoción; el segundo, casi nunca.
  4. En el teléfono o en papel, pero fuera de la cabeza. Memorizar la lista es la forma más eficiente de comprar de más.

Y una regla incómoda que sí funciona: nunca vayas con hambre. No es un dicho, es que con hambre se compra distinto, sobre todo en perecederos y en antojos de pasillo central.

En la tienda: donde se pierde el dinero

En la tienda

Con la lista hecha, la tienda es un lugar mucho menos peligroso. Aun así hay cinco decisiones que cuestan dinero, y conviene tenerlas nombradas.

El 3×2 en perecederos

La promoción de volumen funciona muy bien en lo que aguanta: papel, jabón, atún, aceite, arroz, pasta. Ahí llevarse tres es llevarse tres.

En perecederos es otra cosa. Tres lechugas a precio de dos son un descuento del 33% solo si te comes las tres. Si tiras una, pagaste dos lechugas y te comiste dos: el descuento fue cero. Si tiras dos, pagaste dos y te comiste una, que es más caro que haber comprado una sola.

La regla, y va como criterio: acepta promociones de volumen en lo que aguanta y recházalas en lo que caduca pronto, salvo que tengas ya decidido —no imaginado, decidido— qué vas a hacer con todo.

Qué categorías aguantan de verdad el volumen y cuáles no está tratado a fondo en productos que conviene comprar al mayoreo.

El precio por unidad de medida

Es la cifra más útil del supermercado y la que va en letra más chica.

En la etiqueta del anaquel, junto al precio grande, suele venir el precio por kilo, por litro o por pieza. Es lo único que permite comparar dos presentaciones distintas del mismo producto.

Y rompe una creencia muy extendida: el paquete grande no siempre sale más barato por kilo. Pasa seguido con detergentes, cereales y productos en promoción, donde el tamaño «familiar» está por encima del mediano por unidad de medida.

Dos minutos mirando esa cifra en las cinco cosas que más compras valen más que cualquier app de cupones. El método general para no caer en la comparación tramposa está en guía para comparar productos.

El tamaño del carrito

Un carrito grande se llena. Es así de simple.

Para la compra grande del mes, carrito. Para la compra de reposición de media semana, canasta, aunque tengas que cargarla. La incomodidad de cargar es exactamente el límite que quieres.

La altura del anaquel

Lo que está a la altura de los ojos es lo que la tienda tiene interés en vender. No significa que sea malo; significa que no es el resultado de una comparación, es el resultado de una negociación.

Mirar un entrepaño arriba y uno abajo toma tres segundos y ahí suele estar la misma cosa en otra marca o en otra presentación, muchas veces mejor por unidad de medida.

La promoción con letra chica

Las ofertas en México no son terreno libre. La Ley Federal de Protección al Consumidor obliga, en su artículo 46, a que en las ofertas o «baratas» se informen las condiciones y la vigencia, y en su artículo 7 a que el proveedor entregue el bien conforme a lo ofrecido.

En la práctica, eso te da algo concreto: si una promoción no tiene visibles sus condiciones y su vigencia, pregúntalas antes de llegar a la caja. Casi todos los disgustos de ticket salen de ahí.

Cómo distinguir una oferta real de una que solo lo parece está en cómo detectar una buena oferta.

Y una que no es truco sino aritmética

El precio de lo que tiras es el precio completo, no el descuento que te dieron.

Un kilo de jitomate con 20% de descuento que termina en la basura no costó 80% del precio: costó el 100% de lo que pagaste, porque el rendimiento fue cero. Es la razón por la que el descuento en perecederos solo cuenta si el producto se come.

El ticket, que casi nadie revisa

Antes de salir de la tienda hay un paso de treinta segundos que casi nadie da: mirar el ticket antes de guardarlo.

No por desconfianza sistemática, sino porque los errores existen y casi todos son del mismo tipo: la promoción que no se aplicó. El anaquel decía una cosa, la caja cobró otra, y nadie se dio cuenta porque el ticket se dobló y se fue a la bolsa.

Los tres errores que más aparecen

  1. La promoción anunciada que no bajó el precio. Es el más frecuente, sobre todo en los primeros días de una campaña.
  2. El producto cobrado dos veces. Pasa con cosas que se pesan o que el lector no lee a la primera.
  3. El precio del anaquel distinto al de la caja, porque la etiqueta no se actualizó.

Qué dice la ley sobre esto

La Ley Federal de Protección al Consumidor es bastante clara en dos artículos que ya usamos arriba. El artículo 7 obliga al proveedor a entregar el bien conforme a lo ofrecido. Y el artículo 46 obliga a que en las ofertas y baratas se informen las condiciones y la vigencia.

En la práctica: el precio anunciado en el anaquel es parte de lo ofrecido. Si la caja cobra otro, hay base para reclamar, y el lugar de reclamar es ahí mismo, con el ticket en la mano, no tres días después.

Y si la tienda no resuelve, quien orienta al consumidor en México es la Procuraduría Federal del Consumidor.

La revisión de treinta segundos

No hace falta auditar el ticket completo. Tres cosas bastan:

  • El total, contra lo que esperabas. Si la diferencia es grande, ya sabes que hay algo que revisar.
  • Los renglones de lo que estaba en promoción. Son los que fallan.
  • Los productos pesados. Carne, fruta, verdura, queso: es donde un dedo de más en la báscula o un código equivocado cuesta dinero.

Y una costumbre que ahorra discusiones: fotografía el ticket de las compras grandes. Ocupa nada y resuelve cualquier reclamación posterior, incluida una garantía.

Dónde y cada cuánto comprar

Hay una decisión por encima de todas las anteriores y casi nunca se toma conscientemente: dónde compras y cada cuánto. Las dos cosas cambian más el desperdicio que cualquier truco de pasillo.

La compra grande y la compra de reposición

El modelo de una sola compra semanal o quincenal tiene un problema estructural con lo fresco: obliga a comprar el día uno lo que vas a comer el día seis.

Lo que funciona mejor en casi cualquier casa mexicana es partir la compra en dos:

  • La compra grande, cada quincena o cada mes: todo lo que aguanta. Arroz, frijol, pasta, aceite, latas, papel, limpieza, congelados. Aquí sí tiene sentido el volumen y aquí sí funcionan las promociones.
  • La reposición, una o dos veces por semana: solo fresco. Fruta, verdura, pan, lácteos, carne para los próximos días.

La reposición es corta, barata y se hace cerca de casa. Y es la que de verdad baja el desperdicio, porque compras a tres días vista en vez de a diez.

El contraargumento honesto: ir más seguido cuesta tiempo y transporte, y para quien vive lejos de una tienda o trabaja turnos largos, esto no siempre es posible. En ese caso, la alternativa es congelar el día de la compra, que es lo que hace el mismo trabajo desde el otro lado.

El granel, que es la herramienta más subestimada

Si hay una sola idea de esta sección que vale por todas, es esta: el granel te deja comprar la cantidad exacta.

Cien gramos de nuez. Tres chiles. Media taza de lentejas. Dos jitomates. Un puño de cilantro en vez del manojo.

Contra el desperdicio, eso es más potente que cualquier truco de conservación, porque ataca el problema en el origen: la mayor parte de lo que se tira se tiró porque se compró más de lo que hacía falta, y se compró más porque el empaque no permitía comprar menos.

Dónde hay granel de verdad en México: mercados públicos, tianguis, misceláneas, tiendas de abarrotes, algunas cadenas en sus áreas de frutas, verduras, semillas y especias.

Y el efecto secundario que casi nadie calcula: en especias y semillas, el granel suele ser mucho más barato por unidad de medida que el frasco de marca, que es en buena parte envase.

El mercado y el tianguis

Tienen tres ventajas reales para este tema y dos inconvenientes que conviene decir.

A favor:

  • Puedes comprar por pieza. Tres limones son tres limones.
  • Lo fresco suele estar más fresco, porque la rotación es más rápida.
  • Se puede preguntar. Para qué día está ese aguacate, cuál mango está listo hoy. Esa información no existe en un supermercado y evita bastante desperdicio.

En contra:

  • Hay que saber el día. Un tianguis es semanal y si no ajusta con tu ritmo, no sirve.
  • No hay etiqueta con fecha ni con precio por kilo impreso, así que la comparación depende de ti.

La tienda de la esquina

Se suele descartar por cara, y en precio unitario casi siempre lo es. Pero tiene una función concreta en este esquema: es la que hace posible la reposición corta.

Si ir a la tienda de la esquina por dos jitomates evita comprar el kilo en el súper y tirar medio, el precio por kilo deja de ser la cifra relevante.

Va como criterio: úsala para el complemento, no para la despensa. Es cara para lo que aguanta y razonable para lo que se compra al día.

La despensa a domicilio

Comprar despensa en línea tiene una ventaja que casi nadie nombra: elimina la compra por impulso, que es donde se concentra buena parte de lo que después se tira. No pasas por el pasillo de galletas y no te llevas lo que no ibas a llevar.

Y dos inconvenientes serios para el desperdicio:

  • No eliges tú el producto fresco. Te llega el aguacate que alguien más eligió, y eso significa que llega con la madurez que sea.
  • El monto mínimo empuja a comprar de más. Si falta poco para el envío gratis, mucha gente completa con algo que no necesitaba.

Mi criterio, y va como criterio: funciona bien para la compra grande de lo que aguanta y mal para el fresco. Justo al revés de como lo usa mucha gente.

Cada cuánto, resumido

Tipo de productoCada cuánto conviene comprarloDónde suele salir mejor
Granos, pasta, latas, aceiteCada mes o quincenaSúper o mayoreo
Limpieza y papelCada mes o quincenaSúper o mayoreo
Carne y pescadoQuincenal, congelando el mismo díaSúper, carnicería o pescadería
Fruta y verduraUna o dos veces por semanaMercado, tianguis o granel
PanCada dos o tres días, o congeladoPanadería
Lácteos frescosSemanalSúper o tienda cercana
Especias y semillasCuando se acabenGranel, casi siempre

La tabla es criterio, no norma, y su único mensaje es el que recorre todo el artículo: la frecuencia de compra debería parecerse a la vida útil del producto, y casi nunca se parece.

Los primeros diez minutos en casa

Los primeros diez minutos

Aquí está la mitad del desperdicio doméstico, y ocurre en el rato en que uno tiene menos ganas de hacer nada: al volver cargado del súper.

Cuatro movimientos, diez minutos, y el resto de la semana cambia.

Movimiento 1: lo viejo adelante

Antes de guardar nada nuevo, saca lo que ya estaba y ponlo al frente. Lo nuevo va detrás.

Es exactamente lo que hacen los supermercados con su propio inventario, y por la misma razón: lo que queda al fondo no se ve, y lo que no se ve no se come.

Toma treinta segundos por estante y es, con diferencia, el hábito con mejor rendimiento de todo el artículo.

Movimiento 2: la charola de la semana

Reserva un espacio fijo y visible del refrigerador —idealmente a la altura de los ojos, no el cajón de abajo— y que ahí vaya solo lo que hay que comerse en los próximos días.

Una charola, una caja abierta, un estante marcado. Da igual el recipiente; lo que importa es que sea siempre el mismo sitio y que abrir el refrigerador sea ver primero lo urgente.

El efecto secundario es el que de verdad vale: cuando alguien de la casa pregunta «¿qué hay de comer?», la respuesta está en un solo lugar.

Movimiento 3: lo que se congela el mismo día

La carne y el pescado que no vas a usar en un par de días se porcionan y se congelan al llegar, no cuando ya están al límite.

Es un cambio de momento, no de esfuerzo, y marca una diferencia real: congelar algo que está a punto de pasarse congela un producto que ya perdió calidad. Congelarlo el día que llegó congela un producto fresco.

Dos detalles que hacen que funcione:

  • Porciona antes de congelar, en raciones del tamaño que de verdad cocinas. Un bloque de un kilo obliga a descongelar un kilo.
  • Etiqueta con la fecha. Sin fecha, el congelador se convierte en una zona muerta con corriente eléctrica.

Movimiento 4: lo que no va al refrigerador

Meter todo al frío es un reflejo y con varias cosas es contraproducente:

  • Jitomate. El frío le corta el sabor y le cambia la textura. Fuera, a temperatura ambiente.
  • Papa, cebolla y ajo. En un lugar fresco, seco y oscuro. Y la papa y la cebolla, separadas: juntas se aceleran mutuamente.
  • Plátano. Aparte de todo lo demás, porque desprende etileno y madura lo que tiene cerca. Si quieres que tus aguacates maduren rápido, ponlos junto a un plátano; si no, sepáralos.
  • Pan. El refrigerador lo endurece más rápido que la alacena. Si no se va a comer en dos días, mejor congelarlo que refrigerarlo.

Y dónde guardar lo que no cabe

La despensa seca —arroz, frijol, pasta, latas, harinas— tiene sus propias reglas de espacio y de condiciones, y son las mismas que valen para cualquier cosa que se guarda mucho tiempo. Están tratadas en cómo elegir almacenamiento para diferentes necesidades.

Y si el problema es que la cocina no tiene un sistema y cada quien guarda donde cabe, eso se resuelve antes que el desperdicio: organizar la casa para ahorrar tiempo.

Lo que más se tira, y qué hacer con cada cosa

Los alimentos que con más frecuencia terminan en la basura de una casa y qué hacer con cada uno antes de que se pierdan. El pan endurecido no se tira: se convierte en pan molido, croutones, capeado o budín, y si no se va a comer en dos días se congela rebanado el mismo día que se compra. Las verduras de hoja que empiezan a marchitarse se recuperan con agua fría durante media hora si solo están deshidratadas, y si ya no, van a sopa, salteado o caldo. El plátano muy maduro es materia prima de pan de plátano, licuado o se congela pelado para después. La leche que se acerca a su fecha va a arroz con leche, hot cakes, atole o crepas, siempre que la fecha sea de consumo preferente y el producto esté en buen estado. Las hierbas frescas se congelan picadas en aceite en una charola de cubos de hielo. Las sobras de comida se guardan en un recipiente transparente y al frente, no en el fondo, y se comen antes de cocinar algo nuevo. Los tallos y cáscaras limpios de zanahoria, apio, cebolla y cilantro se guardan en una bolsa en el congelador hasta juntar suficiente para un caldo de verduras. La regla general es que casi nada se tira por estar echado a perder: se tira por haber dejado pasar el momento en que todavía servía para otra cosa.
Casi nada se tira por estar echado a perder. Se tira por dejar pasar el momento.

Hay un patrón en lo que termina en la basura de una casa, y no es aleatorio: casi siempre son las mismas ocho o nueve cosas.

Van con lo que se puede hacer con cada una, y todas las soluciones son de cocina normal, no de recetario aspiracional.

Pan

El que más se tira y el que más fácil se salva.

Pan duro no es pan echado a perder: es pan molido, croutones, capeado, budín, torrijas o base de sopa. Y la medida preventiva es mejor que todas las recetas juntas: si no lo vas a comer en dos días, congélalo rebanado el mismo día que lo compras. Sale del congelador al tostador sin descongelar.

Verduras de hoja

Lechuga, espinaca, acelga, cilantro. Se marchitan rápido y se tiran enteras.

Si solo están deshidratadas —blandas pero sin manchas ni mal olor—, media hora en agua fría las recupera bastante. Si ya pasaron de ahí, van a sopa, salteado o caldo, donde la textura no importa.

Y una idea preventiva: guárdalas lavadas, secas y envueltas en una tela o papel dentro de un recipiente. La humedad de la bolsa del súper es lo que las pudre.

Plátano muy maduro

No es basura: es materia prima. Pan de plátano, licuado, hot cakes. Y si no hay tiempo, se pela y se congela para cualquiera de esas cosas después.

Leche cerca de su fecha

Arroz con leche, hot cakes, atole, crepas, salsas. Cualquiera de esas gasta medio litro sin esfuerzo.

Con la condición de siempre: esto vale si la fecha es de consumo preferente y el producto está en buen estado. Si la leche trae fecha de caducidad y ya pasó, se tira. Es exactamente la distinción de la sección anterior, aplicada donde más importa.

Hierbas frescas

El cilantro, el perejil y la albahaca son el desperdicio más silencioso: se compra el manojo entero para dos ramitas.

La solución que funciona: picarlas y congelarlas en una charola de cubos de hielo con un poco de aceite. Salen cubos listos para el sartén y duran meses.

Sobras de comida

Se tiran por una razón boba: se guardan en un recipiente opaco, al fondo, y nadie las vuelve a ver.

Dos reglas: recipiente transparente y al frente. Y una tercera que es la que de verdad decide: antes de cocinar algo nuevo, mira si hay sobras.

Tallos, cáscaras y puntas

Zanahoria, apio, cebolla, cilantro, poro. Todo eso, limpio, va a una bolsa en el congelador hasta juntar lo suficiente para un caldo de verduras.

No es reciclaje simbólico: es la base de sopa que ibas a comprar en cubo.

Fruta que se pasó de punto

Mango, papaya, durazno, fresa. Cuando están demasiado maduras para comerse en gajos, siguen siendo perfectas para licuado, mermelada rápida, compota o congelado en trozos.

La señal de corte es la misma de siempre: moho, olor a fermentado o líquido turbio significan tirar. Blando no significa malo.

El patrón que hay detrás de los ocho

Si los lees juntos, aparece la conclusión de la sección:

Casi nada se tira por estar echado a perder. Se tira por haber dejado pasar el momento en el que todavía servía para otra cosa.

Y ese momento no se pierde por falta de recetas: se pierde porque el producto estaba detrás de otra cosa y nadie lo vio.

El congelador, que casi nadie usa bien

Si tuviera que señalar una sola herramienta doméstica contra el desperdicio, sería esta. Y en la mayoría de las casas está desaprovechada, porque se usa como bodega y no como pausa.

La diferencia entre las dos cosas es todo lo que sigue.

Bodega contra pausa

Un congelador usado como bodega es donde van las cosas que uno no sabe qué hacer con ellas. Entran, se quedan, se cubren de escarcha y salen a la basura dos años después, cuando alguien descongela para limpiar.

Un congelador usado como pausa es otra cosa: es donde se detiene el reloj de algo que ya tenías decidido comer, hasta que llegue su día.

La prueba para saber en cuál de los dos estás es una pregunta: ¿puedes decir, sin abrirlo, tres cosas que hay dentro? Si no, es bodega.

Las cuatro reglas que lo convierten en pausa

1. Se congela el día de la compra, no el día del límite. Ya lo dijimos arriba y aquí está el porqué técnico: congelar detiene el deterioro donde está. Un producto congelado al límite sale del congelador exactamente igual de al límite.

2. Se porciona antes. En raciones del tamaño que de verdad cocinas. Un bloque grande obliga a descongelar todo, y lo que se descongela ya no se vuelve a congelar.

3. Se etiqueta con qué es y cuándo entró. Dos datos y un plumón. Sin la fecha, no hay forma de aplicar ninguna rotación, y sin el nombre, media bolsa opaca es un misterio que nadie quiere resolver a las ocho de la noche.

4. Lo viejo adelante, igual que en el refrigerador. El congelador tiene el mismo problema de fondo y peor, porque ahí las cosas no huelen ni se ven.

Qué congela bien y qué no

Va como criterio de cocina doméstica:

Congela bienCongela mal
Carne y pescado crudos, porcionadosVerduras de hoja crudas para ensalada
Pan, rebanadoPapa cocida en trozos
Caldos, sopas, salsas, guisadosSalsas con mucha crema o leche
Hierbas picadas en aceiteHuevo con cáscara
Fruta en trozos para licuadoPepino, jitomate y verduras de alto contenido de agua, en crudo
Queso rallado y mantequillaLo ya descongelado antes

La lógica detrás de casi toda la columna derecha es la misma: el agua se expande al congelarse y rompe la estructura de la célula. Por eso lo que tiene mucha agua y se come crudo sale aguado, y por eso lo que va a ir a una sopa sale perfectamente bien.

Descongelar, que es la parte que sí tiene riesgo

Aquí las buenas prácticas de manejo doméstico son bastante claras y conviene respetarlas:

  • En el refrigerador, de un día para otro. Es la forma lenta y la más segura.
  • En agua fría, en una bolsa cerrada, cambiando el agua. Más rápido.
  • En el microondas, si se va a cocinar inmediatamente después.
  • Nunca sobre la barra de la cocina durante horas. La superficie se descongela mucho antes que el centro y pasa demasiado tiempo a temperatura ambiente.

Y la regla que más se rompe: lo descongelado no se vuelve a congelar crudo. Lo que sí se puede es cocinarlo y congelar el platillo ya cocinado, que es otra cosa.

El día de vaciar el congelador

Una vez al mes, una comida entera hecha con lo que haya dentro. Sin comprar nada.

Suena a juego y es la única rutina que impide que el congelador se convierta en bodega otra vez. Además obliga a mirar el fondo, que es donde está lo que ya no reconoces.

Mi criterio, y va como criterio: si al hacerlo encuentras algo sin etiqueta y sin fecha, la respuesta no es averiguar qué era. La respuesta es empezar a etiquetar desde hoy.

Comprar mejor lo que no se come

El título de este artículo dice «comprar mejor», no «comer mejor», así que esta sección es para lo demás: ropa, aparatos, cosas de casa. El desperdicio ahí no huele, pero cuesta igual.

Y hay una diferencia que conviene nombrar: la comida se desperdicia por descuido; lo demás se desperdicia por prisa.

La compra duplicada

Es el mismo error del inventario, en otra categoría: cargadores, pilas, cinta adhesiva, calcetines negros, destornilladores de cruz. Se compran dos veces porque en el momento de necesitarlos no aparecen.

La solución no es comprar mejor: es saber qué tienes, que es exactamente el problema del que se ocupa el orden de la casa.

La compra por prisa

Comprar a las once de la noche, en el teléfono, porque algo se necesita mañana. Es donde se concentran las devoluciones y los arrepentimientos.

Dos frenos que funcionan y no cuestan nada:

  • La regla de la noche. Todo lo que no sea urgente se deja en el carrito hasta el día siguiente. Una parte sorprendente de las compras no sobrevive a dormir.
  • El precio por uso, no por unidad. Una chamarra de 2,000 pesos que te pones cien veces cuesta veinte pesos por uso. Una de 600 que te pones tres veces cuesta doscientos. El precio de etiqueta no dice cuál salió cara.

El derecho que casi nadie usa

Para compras hechas fuera del establecimiento —por teléfono, en línea o a domicilio—, la Ley Federal del Protección al Consumidor reconoce en su artículo 56 un plazo para revocar el consentimiento sin responsabilidad, dentro de los cinco días hábiles siguientes a la entrega del bien o a la firma del contrato, siempre que el producto no se haya usado.

Traducido: si compraste en línea y te arrepientes, tienes un plazo corto y conviene usarlo el mismo día que te das cuenta, no dos semanas después. Lo que hay que revisar antes de darle clic a comprar está en qué revisar antes de comprar en línea.

Lo que sí conviene comprar caro

Va como criterio y es la parte menos intuitiva de esta sección: hay categorías donde comprar barato es la forma más segura de desperdiciar, porque el producto no dura lo suficiente para amortizarse.

Zapatos de uso diario, un colchón, una olla que vas a usar mil veces, una herramienta que necesitas cada semana. Ahí el cálculo relevante es el precio por uso y no el precio.

Y al revés: lo que se usa poco, casi nunca justifica lo caro. Una herramienta para un solo proyecto se renta o se pide prestada.

Mide tu propia semana

La semana de medicion

Todo lo anterior son criterios. Esta sección es lo único del artículo que te da un dato tuyo.

Son siete días y una libreta. La única regla difícil es esta: no cambies nada durante la semana de medición. Si cambias, mides tu mejor versión, y tu mejor versión no es el problema.

Cómo se hace

Cada vez que algo de comida va a la basura, anota tres cosas:

Qué eraCuántoCuánto costó, más o menos
Lechuga1 pieza$25
Leche½ litro$14
Pechuga300 g$60
Cilantro1 manojo$12

No hace falta precisión de laboratorio. El precio aproximado basta, y si no lo recuerdas, el del ticket más reciente sirve.

Qué hacer con el resultado

Al séptimo día, suma la columna de pesos y haz dos cuentas:

La primera, tu porcentaje. Divide lo que tiraste entre lo que gastas en despensa en una semana. Si el gasto semanal se parece al promedio nacional —unos 1,077 pesos— y tiraste 150, tu tasa es del 13.9%.

La segunda, tu año. Multiplica lo de la semana por 52. Esos 150 pesos semanales son 7,800 pesos al año.

Ese número, y no el de ningún informe, es el que conviene tener en la cabeza la próxima vez que estés frente a un 3×2 de lechugas.

Y después, la parte que casi nadie hace

Ordena tu lista por monto, no por frecuencia.

Es el paso que cambia la conducta, porque los dos ordenamientos dan resultados opuestos. Por frecuencia, arriba va el cilantro, que se tira todas las semanas y cuesta doce pesos. Por monto, arriba va la carne, que se tira una vez al mes y cuesta sesenta.

Si atacas la frecuencia, resuelves lo irritante. Si atacas el monto, resuelves lo caro.

La regla, y va como criterio: ataca solo las dos primeras líneas por monto durante el mes siguiente. Dos. No la lista entera, porque la lista entera es un propósito de año nuevo y las dos primeras líneas son una tarea.

Vuelve a medir

Al mes, otra semana de libreta. Ahora sí comparando.

Es el mismo ejercicio que vale para cualquier gasto que se sospecha alto y no se ha mirado nunca, y que está tratado en general en qué gastos deberías revisar cada mes para ahorrar más. Si además llevas las cuentas de un negocio y las de la casa revueltas, el orden previo está en organizar las finanzas personales y del negocio.

Los errores más comunes

1. Tirar por la fecha de consumo preferente. La norma dice expresamente que después de esa fecha el producto «puede ser consumido». Es el error que más comida buena manda a la basura.

2. Confiar en la fecha sin haber cumplido la condición. Las dos definiciones están condicionadas al almacenamiento. Una fecha impresa no protege a un producto que pasó la tarde en el coche.

3. Comprar sin abrir el refrigerador antes. Tres fotos, tres minutos. Es el error del que salen casi todos los demás.

4. Aceptar el 3×2 en perecederos. El descuento solo existe si consumes las tres unidades.

5. Comparar precios de etiqueta en vez de precio por kilo. El paquete grande no siempre sale más barato por unidad de medida.

6. Planear siete comidas para una semana de siete días. Siempre hay un día que se rompe, y lo que se compró para ese día se pudre.

7. Guardar lo nuevo adelante. Es el gesto que convierte el fondo del refrigerador en zona muerta.

8. Meter todo al refrigerador. Jitomate, papa, cebolla, ajo y pan están peor en frío, y el plátano madura a sus vecinos.

9. Congelar cuando ya está al límite. Congelar no recupera calidad: la detiene donde está.

10. Guardar las sobras en recipiente opaco y al fondo. Es la forma más eficiente de no volver a verlas.

11. Comprar el manojo de hierbas para dos ramitas sin un plan para el resto.

12. Estimar tu desperdicio en vez de medirlo. Casi todo el mundo se subestima, y una semana de libreta cuesta menos que un mes de suposiciones.

13. Atacar la lista entera después de medir. Dos líneas por monto, un mes. Lo demás no se sostiene.

Cuándo esto no aplica y hay que preguntar

Este artículo es informativo y hay cuatro situaciones donde no basta.

Si hay alguna duda sobre la seguridad de un alimento. Ninguna regla de este texto está por encima de eso. Ante la duda, se tira; y si alguien ya comió algo sospechoso y se siente mal, eso es una consulta médica, no una búsqueda en internet.

Si en la casa hay personas con defensas bajas, embarazo, niños muy pequeños o adultos mayores. El criterio de revisar con los sentidos un producto pasado de su consumo preferente se vuelve mucho más estricto, y varios alimentos quedan directamente fuera. Eso lo decide quien lleva la atención médica de esa persona.

Si el problema de fondo es que el dinero no alcanza para la despensa. Este artículo ayuda a que rinda más, y eso tiene un límite. En México, los programas de apoyo alimentario y los bancos de alimentos existen y no es ninguna vergüenza usarlos.

Si tienes un negocio de alimentos. Lo que aplica ahí no es este texto: son las normas de manejo higiénico, que son obligatorias, específicas y distintas a las reglas de una cocina doméstica.

Tres razones para desconfiar de este artículo

Primero: la cuenta central es un promedio nacional, y tu casa no es un promedio. Los 14,004 pesos trimestrales salen de una encuesta que cubre todo el país, mezcla hogares de una persona con hogares de seis, e incluye bebidas junto a alimentos. Sirve para dar escala y para construir una fórmula; no sirve para decirte cuánto tiras tú, y por eso el artículo dedica una sección entera a que lo midas.

Segundo: el dato de desperdicio de México no lo tenemos, y lo decimos en vez de rellenarlo. El informe de la ONU trae cuatro estimaciones que van de 71 a 129 kilos por persona al año, tres de ellas de una sola ciudad y dos con más de quince años. Ninguna la verificamos en su estudio original. Cualquier artículo que te dé una cifra nacional redonda sobre esto la está tomando de ahí y quitándole las advertencias.

Tercero: casi todo lo práctico es criterio, no evidencia. Lo que está verificado son dos cosas: las definiciones de la NOM-051 y las cifras de gasto de la ENIGH. El inventario de tres minutos, las cuatro etapas al llegar a casa, la charola de la semana, la regla de las dos líneas por monto y la lista de qué hacer con el pan duro son experiencia y sentido común organizados. Funcionan, los defendería, y son perfectamente discutibles.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre fecha de caducidad y consumo preferente?

La norma oficial mexicana NOM-051 las define distinto. La fecha de caducidad es un límite sanitario: la norma dice que después de esa fecha el producto «no debe comercializarse ni consumirse». La fecha de consumo preferente es un límite de calidad, y la norma dice textualmente que es la fecha después de la cual «el producto preenvasado puede ser consumido». Es decir: pasada la caducidad se tira; pasado el consumo preferente, se revisa antes de decidir.

¿Puedo comer algo después de su fecha de consumo preferente?

Según la definición de la norma, sí: dice expresamente que después de esa fecha el producto puede ser consumido, aunque haya perdido las cualidades que se le atribuyen. Lo que hay que hacer antes es revisar el envase —nada abombado, oxidado ni con fugas—, oler y mirar. Y esto no aplica a nada que traiga fecha de caducidad, ni a carne, pescado, huevo, lácteos frescos o platillos preparados. Ante cualquier duda, se tira.

¿Cuánto dinero pierdo si tiro comida?

En el hogar mexicano promedio, cada punto porcentual de la despensa que acaba en la basura son 560.16 pesos al año. Tirar el 10% son 5,601.60 al año; tirar el 25% son 14,004 pesos, que es exactamente lo que ese hogar gasta en despensa en un trimestre completo. La base es el gasto de 14,004 pesos trimestrales en alimentos y bebidas consumidos dentro del hogar que publica la ENIGH 2024 del INEGI.

¿Cuánta comida desperdicia México?

No hay una cifra nacional confiable, y esa es la respuesta honesta. El Food Waste Index Report 2024 de la ONU recoge cuatro estimaciones distintas para México: 94 kilos por persona al año en el único estudio de alcance nacional, y 126, 71 y 129 en estudios de Mexicali, Berriozábal y Ensenada. Entre la mayor y la menor hay 58 kilos de diferencia y el propio informe las clasifica como de confianza media. Cualquier porcentaje redondo que circule sale de ahí, sin las advertencias.

¿Conviene el 3×2 en frutas y verduras?

Casi nunca. Tres lechugas a precio de dos son un 33% de descuento solo si te comes las tres; si tiras una, el descuento fue cero, y si tiras dos, pagaste más por lechuga que comprando una sola. Las promociones de volumen funcionan en lo que aguanta —atún, arroz, papel, aceite— y no en lo que caduca pronto.

¿Cómo hago una lista del súper que sí funcione?

Cuatro cosas: escrita en el orden de los pasillos, con la cantidad anotada junto a cada producto y no solo el nombre, separada en dos bloques entre lo que aguanta y lo perecedero, y fuera de tu cabeza. Y antes de escribirla, tres fotos: refrigerador, congelador y alacena. La regla es que nada entra a la lista si ya hay en casa algo que cumple la misma función.

¿Qué no debo meter al refrigerador?

Jitomate, que pierde sabor y textura con el frío; papa, cebolla y ajo, que van en un lugar fresco, seco y oscuro, con la papa y la cebolla separadas entre sí; pan, que se endurece más rápido en frío que en la alacena; y plátano, que además desprende etileno y madura todo lo que tiene cerca.

¿Qué hago con el pan duro?

No es pan echado a perder. Sirve para pan molido, croutones, capeado, budín, torrijas o base de sopa. Y la medida que lo evita: si no lo vas a comer en dos días, congélalo rebanado el mismo día que lo compras; sale del congelador al tostador sin descongelar.

¿Cómo mido cuánta comida tiro?

Siete días con una libreta, anotando qué tiraste, cuánto y cuánto costó aproximadamente, sin cambiar nada de lo que haces esa semana. Al final divides el total entre tu gasto semanal en despensa para saber tu porcentaje, y lo multiplicas por 52 para ver el año. Después ordenas la lista por monto —no por frecuencia— y trabajas solo las dos primeras líneas durante un mes.

¿Congelar recupera un alimento que está a punto de pasarse?

No. Congelar detiene el deterioro donde está, no lo revierte. Por eso conviene congelar el día de la compra lo que no se va a usar en un par de días, porciónalo en raciones del tamaño que de verdad cocinas y ponle la fecha. Congelar al límite congela un producto que ya perdió calidad.

¿El paquete grande siempre sale más barato?

No, y esa es una de las creencias que más dinero cuesta. La etiqueta del anaquel suele traer el precio por kilo, por litro o por pieza en letra pequeña, y comparar esa cifra entre presentaciones es la única forma de saberlo. Pasa seguido que el tamaño familiar está por encima del mediano por unidad de medida, sobre todo en detergentes, cereales y productos en promoción.

Fuentes y metodología

Todas las fuentes se consultaron el 26 de septiembre de 2026.

Gasto de los hogares

  • Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024 — comunicado de resultados, Instituto Nacional de Estadística y Geografía. De aquí salen: el gasto trimestral promedio por hogar en el rubro de alimentos, bebidas y tabaco (17,982 pesos, el 37.7% del gasto monetario trimestral) y su desglose en 14,004 pesos de alimentos y bebidas consumidas dentro del hogar, 3,896 fuera del hogar y 82 de tabaco. También el gasto total trimestral por hogar (72,705 pesos), el gasto corriente total (61,309) y el gasto monetario trimestral (47,674).

Etiquetado y fechas

Desperdicio de alimentos

  • Food Waste Index Report 2024, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. De aquí salen las cuatro estimaciones de desperdicio doméstico en México que recoge la tabla de América Latina y el Caribe: 94 kg por persona al año (Kneller y otros, 2019, nacional), 126 (Ojeda-Benítez, Vega y Márquez Montenegro, 2008, Mexicali), 71 (Aguilar, Moreno y Moreno Pérez, 2017, Berriozábal, Chiapas) y 129 (Aguilar Virgin y otros, 2010, Ensenada, Baja California), así como la clasificación de confianza media para las estimaciones de la región.

Marco de consumo

  • Ley Federal de Protección al Consumidor, artículos 7 (entrega conforme a lo ofrecido), 46 (condiciones y vigencia de ofertas y baratas) y 56 (revocación del consentimiento dentro de los cinco días hábiles en ventas fuera del establecimiento), verificados en el repositorio de la Cámara de Diputados en consultas anteriores de esta serie y reutilizados aquí sin cambios.

Competencia revisada

Cuentas propias, con sus supuestos

Todas las conversiones numéricas de este artículo son cálculo nuestro sobre las cifras publicadas:

  • De trimestre a año: 14,004 × 4 = 56,016 pesos al año. Por semana, ÷ 52 = unos 1,077 pesos.
  • El costo de un punto porcentual: 1% de 56,016 = 560.16 pesos al año. De ahí la tabla completa: 5% = 2,800.80; 10% = 5,601.60; 15% = 8,402.40; 20% = 11,203.20; 25% = 14,004.00; 30% = 16,804.80.
  • La coincidencia del 25%: no es casualidad que el 25% anual dé exactamente la cifra trimestral, porque un cuarto de año es un trimestre.
  • Las proporciones del rubro: los 14,004 son el 77.9% del rubro de alimentos, bebidas y tabaco y el 29.4% del gasto monetario trimestral. Comprobamos además que 14,004 + 3,896 + 82 = 17,982 y que 17,982 ÷ 47,674 = 37.7%, es decir, que las cifras de la fuente cuadran entre sí.
  • El rango de las estimaciones de la ONU: entre 71 y 129 kg hay 58 kg de diferencia, y la mayor es 1.82 veces la menor. Los 94 kg del estudio nacional equivalen a unos 258 gramos por persona al día.
  • El ejemplo de la semana de medición: tirar 150 pesos sobre un gasto semanal de 1,077 es el 13.9%, y 150 × 52 = 7,800 pesos al año.

Limitaciones

  • La ENIGH mide gasto, no desperdicio. El porcentaje que se desperdicia no sale de ninguna fuente de este artículo: lo pone el lector, y por eso hay una sección dedicada a medirlo.
  • El renglón de 14,004 pesos incluye bebidas, no solo alimentos, y la encuesta no desglosa cuántas personas hay detrás del hogar promedio.
  • No verificamos ninguna de las cuatro estimaciones de México en su estudio original, solo en el informe de la ONU que las recoge. Tres de las cuatro son de una sola ciudad y dos tienen más de quince años.
  • No publicamos precios de alimentos. Varían por región, temporada y tienda, y una tabla de precios habría envejecido en semanas. En su lugar damos la fórmula y el método de medición.
  • Las recomendaciones de conservación y aprovechamiento son criterio doméstico, no guía sanitaria. No sustituyen las indicaciones del envase ni el consejo de un profesional de la salud.
  • Este artículo no cubre el manejo de alimentos en negocios, que se rige por normas obligatorias distintas.

Declaración de intereses: este artículo no contiene enlaces de afiliado, no recomienda ninguna marca, tienda ni cadena de supermercados, y no recibió patrocinio de ninguna empresa de alimentos, distribución ni comercio.

Scroll al inicio