Cómo elegir productos duraderos y no gastar de más

En agosto de 2026, el Laboratorio Profeco publicó el resultado de una prueba que casi nadie leyó: pusieron catorce bolígrafos a escribir hasta que se les acabó la tinta y midieron cuántos metros lineales había trazado cada uno.

El que más escribió costaba 4.13 pesos y trazó 2,803 metros.

El más caro de los catorce costaba 19.63 pesos y trazó 1,320 metros.

Esa es toda la discusión sobre productos duraderos, comprimida en dos renglones y con un laboratorio público de por medio. El bolígrafo que costaba 4.75 veces más escribió un 53 % menos, y si se mide lo que de verdad importa —el precio de cada metro escrito— salió 10.09 veces más caro que el de cuatro pesos.

Este artículo trata de qué hacer con eso.

No va a darte una lista de marcas buenas. Las listas de marcas envejecen en un trimestre, y además la evidencia que sigue sugiere que la marca predice mucho menos de lo que parece. Lo que sí va a darte es un método con cuatro piezas: una cuenta que convierte «es que dura más» en una cifra que puedes exigir, tres conjuntos de datos medidos por un laboratorio mexicano, la lista exacta de lo que la ley obliga a decirte antes de cobrarte, y cuatro fuentes públicas y gratuitas que puedes consultar desde el pasillo de la tienda.

Hay un aviso que conviene hacer al principio, porque ordena la lectura: este texto no puede decirte si el refrigerador que estás mirando va a durar. Nadie puede. En México no existe ninguna norma que obligue a un fabricante a declarar cuánto dura su producto, y vamos a ver que eso no es un descuido de nadie sino una consecuencia de cómo está escrita la regulación. Lo que sí se puede hacer es reducir el margen de error, y de eso trata todo lo que sigue.

Una última cosa antes de entrar. Todos los precios que aparecen en este artículo son precios que un laboratorio registró en una fecha concreta y que se citan con esa fecha. No son precios de mercado vigentes, y no deberías usarlos para decidir dónde comprar hoy. Se usan para lo único para lo que sirven: comparar entre sí productos que se midieron el mismo día con el mismo método.

Qué puede darte este artículo y qué no puede darte ninguno

La pregunta está mal hecha, y arreglarla es medio trabajo

«¿Este producto es duradero?» no tiene respuesta. Tiene tres, y se contradicen entre sí.

La primera: ¿se va a romper? Es la pregunta de la resistencia física. Un laboratorio la contesta bien, y en México hay uno que lo hace gratis y publica los resultados.

La segunda: ¿va a seguir sirviendo? Un teléfono que enciende perfectamente pero ya no recibe actualizaciones dejó de servir sin haberse roto. Un refrigerador que enfría pero se come el doble de electricidad que uno nuevo sigue funcionando y ya está costándote dinero. Esta pregunta no la contesta ningún laboratorio.

La tercera: ¿lo vas a seguir usando? Es la que más gente ignora y la que más decide. La mayor parte de las cosas que tiramos no se rompieron: dejaron de gustarnos, cambió la casa, creció el niño, se acabó la moda. Si compras algo pensando en diez años y lo usas dos, la calidad del material fue irrelevante.

El método de este artículo sirve muy bien para la primera, razonablemente para la segunda y nada para la tercera. Conviene saberlo desde ahora, porque la tercera es la que manda en ropa, en decoración y en casi todo lo que se compra por gusto.

Por qué no hay aquí una lista de marcas

Una lista de marcas tiene tres problemas y los tres son graves.

Envejece. Los modelos cambian, las fábricas cambian, las empresas venden sus marcas. Un ranking de hace tres años es información falsa presentada con la misma seguridad que la verdadera.

No es verificable. Casi ninguna lista publicada en español dice de dónde salió. Cuando se puede rastrear, suele salir de otra lista.

Y la evidencia que vas a ver en las próximas dos secciones apunta a que, dentro de una misma categoría, la marca y el precio predicen mucho menos de lo que cualquiera supondría. Un ranking de marcas es exactamente el atajo que los datos desaconsejan.

Lo que sí sirve, y es lo que encontrarás aquí, es el método para leer la evidencia que ya existe: comparar productos con un método y no con una corazonada. Es más trabajo que leer una lista. También es lo único que sigue funcionando el año que viene.

Cómo leer las cifras que siguen

Tres reglas, para que puedas auditar cada número.

Toda cifra medida lleva su fuente enlazada, con el organismo que la midió y la fecha. Toda cifra calculada lleva sus supuestos escritos al lado, de manera que puedas sustituir los tuyos y rehacer la cuenta. Y todo lo que sea criterio mío va dicho como criterio mío, sin disfrazarlo de dato.

Esa tercera regla importa más de lo que parece en un artículo de este tipo. Buena parte del contenido de consumo mezcla las tres categorías a propósito, porque una opinión suena mejor cuando va pegada a una cifra. Aquí van separadas, aunque el texto quede menos redondo.

Catorce bolígrafos, medidos hasta la última gota de tinta

Empiezo por aquí porque es el experimento más limpio que he encontrado sobre este tema en cualquier idioma, y está hecho en México, con dinero público, sobre un producto que todo el mundo ha comprado.

Qué midió el laboratorio y cómo

Entre el 20 de abril y el 11 de junio de 2026, el Laboratorio Profeco analizó 94 productos de papelería: 17 cuadernos, 23 lápices de color, 15 gomas, 9 juegos de geometría, 16 sacapuntas y 14 bolígrafos. Las muestras se compraron entre el 28 de abril y el 8 de junio. En total corrieron 11,730 pruebas.

A los bolígrafos les hicieron la prueba que nos interesa. El estudio la describe así: «Se midió la longitud total en metros lineales que puede escribir cada bolígrafo antes de agotarse la tinta».

Detente un segundo en lo que eso significa. No es una encuesta de satisfacción, no es una valoración de estrellas, no es la opinión de un panel. Es una medida física de cuánto producto hay dentro del producto, hecha con el mismo método para los catorce, en las mismas semanas. Es exactamente lo que uno querría saber de un refrigerador o de unos zapatos y casi nunca puede.

La tabla completa, ordenada por lo que de verdad cuesta

Los catorce bolígrafos, ordenados no por precio sino por lo que cuesta cada cien metros escritos. La última columna es cálculo propio: precio dividido entre metros, multiplicado por cien.

#Marca y modeloPrecioMetros escritosCosto por 100 m
1BIC Cristal Eco$4.132,803$0.147
2NORMA BTM-A$2.171,378$0.157
3AZOR Pin point$2.171,050$0.207
4BOLEX Eco$3.341,463$0.228
5OFFICE DEPOT SB-2156032$2.831,117$0.253
6PAPER MATE Kilométrico$2.981,060$0.281
7OFFICEMAX SKU 50062131$4.981,647$0.302
8BOLEX Mediano$4.291,408$0.305
9OFFICEMAX SKU 50062125$2.95793$0.372
10PENTEL BK91$4.451,140$0.390
11ARTESCO CR-31$5.36833$0.643
12MAE Ultra suave$3.28410$0.800
13STAEDTLER Stick 430$18.901,903$0.993
14PELIKAN Hang stick$19.631,320$1.487

Precios y metros: Laboratorio Profeco, estudio publicado en agosto de 2026. Costo por 100 metros: cálculo propio.

Los dos bolígrafos más caros son los dos peores negocios

Míralo otra vez. Los dos únicos bolígrafos que pasan de diez pesos ocupan los lugares 13 y 14 de 14 en costo por metro escrito.

No es que queden mal. Es que quedan últimos, los dos, sin ninguna excepción intermedia.

Trece de los catorce bolígrafos escriben más barato por metro que el más caro del grupo. La pluma de 19.63 pesos cuesta 4.75 veces más que la de 4.13 en la caja registradora, y 10.09 veces más por cada metro que escribe. La diferencia entre esos dos números —4.75 contra 10.09— es el margen exacto en el que el precio te está diciendo algo que no es cierto.

Y ojo con la lectura contraria, que también está mal: la pluma más barata por metro no es la más barata de la tienda. El BIC de 4.13 pesos es el sexto más caro de los catorce. Los dos bolígrafos de 2.17 pesos, que son los más baratos de la tabla, quedan en segundo y tercer lugar. Buenos, pero no primeros. Ni lo caro ni lo barato predicen; lo que predice es el dato medido.

Dos bolígrafos al mismo precio, 328 metros de diferencia

Este es el dato que a mí me parece el más demoledor de todo el estudio, y no lo destacó nadie.

El AZOR Pin point y el NORMA BTM-A cuestan exactamente lo mismo: 2.17 pesos. El AZOR escribió 1,050 metros. El NORMA escribió 1,378. Son 328 metros de diferencia, un 31.2 % más de escritura por el mismo dinero exacto.

Si el precio contuviera información sobre la duración, dos productos al mismo precio deberían durar aproximadamente lo mismo. No lo hacen. Y no es un caso raro escogido a conveniencia: es el único par de precios idénticos que había en la tabla, y ahí está.

La misma marca, el modelo caro escribe menos

BOLEX aparece dos veces en el estudio. El modelo Eco cuesta 3.34 pesos y escribe 1,463 metros. El modelo Mediano cuesta 4.29 pesos y escribe 1,408.

El más caro de la misma marca cuesta un 28.4 % más y escribe un 3.8 % menos. Por metro sale un 33.5 % más caro.

Aquí ya no puede alegarse que son fábricas distintas con estándares distintos. Es la misma empresa, la misma línea, el mismo estante. Subir de modelo dentro de una marca tampoco garantizó nada.

El número incómodo: cuánto predice el precio

Calculé la correlación entre el precio y los metros escritos de los catorce bolígrafos. El resultado es r = 0.25, lo que equivale a decir que el precio explica alrededor del 6.3 % de la variación en cuánto escribe una pluma.

El 93.7 % restante lo explica otra cosa.

Ahora el matiz obligado, porque publicar ese número sin él sería el tipo de cosa contra la que advierte este mismo artículo. Catorce observaciones son muy pocas. Con esa muestra, una correlación de 0.25 no alcanza significancia estadística por ningún criterio convencional, y bastaría con que una sola pluma cara hubiera rendido mucho más para que el coeficiente cambiara de forma notable. No es una demostración; es una señal, y hay que tratarla como señal.

Lo que sí es sólido, porque no depende de ninguna prueba estadística, son los tres hechos individuales: los dos más caros quedaron últimos en costo por metro, dos plumas al mismo precio rindieron un 31 % distinto, y el modelo caro de una marca rindió menos que el barato de la misma marca. Esos tres hechos no se mueven aunque la muestra sea pequeña, porque no son inferencias: son lecturas directas de la tabla.

La cuenta que hace el papá que compra útiles

Un ejercicio pequeño, para aterrizarlo.

Para escribir los mismos 2,803 metros que escribió el BIC, harían falta 6.84 plumas de la MAE Ultra suave, que fue la que menos escribió. Eso son 22.42 pesos, contra 4.13.

Cinco veces y media más caro, por la misma cantidad de escritura. En una compra de útiles escolares, con varios hijos y varias plumas por hijo, esa proporción deja de ser anecdótica.

Y hay una nota práctica que el propio estudio dejó escrita, con estas palabras: «En ocasiones, un precio más alto no está relacionado con una mejor calidad o un rendimiento». Es una frase prudente y deliberadamente suave. Los datos de su propia tabla la sostienen con más fuerza de lo que ella se permite.

Boligrafos precio por metro profeco

Treinta pantalones, mil catorce pruebas y la conclusión que nadie publicó

Un mes antes del estudio de papelería, el mismo laboratorio publicó otro sobre pantalones de mezclilla para caballero. Treinta modelos, 1,014 pruebas, precios de 314.63 a 958.00 pesos.

Lo traigo aquí por una razón: es otra categoría, otro material, otro rango de precio, tres veces mayor entre extremos, y da el mismo resultado. Dos categorías no hacen una ley, pero dos resultados coincidentes en productos tan distintos son más difíciles de despachar como casualidad que uno solo.

Qué significa durabilidad cuando la mide un laboratorio

En este estudio, «resistencia al uso (durabilidad)» no es una impresión. Son tres pruebas físicas que el documento describe así:

  • Resistencia a la abrasión: «Se consideró la pérdida de masa (desgarre) por el efecto del roce».
  • Resistencia a la tensión, antes y después de abrasión.
  • Resistencia al rasgado: «Se determinó la tenacidad del tejido para evitar que un corte se propague después del rasgado».

Ese bloque pesó el 45 % de la evaluación general en los pantalones de 100 % algodón y el 35 % en los de mezcla de fibras. Es la variable con más peso de todo el estudio, lo cual dice algo sobre qué considera importante quien diseñó la prueba.

Midieron además el encogimiento. Cinco modelos, según el estudio, «se encogieron ligeramente después de tres ciclos de lavado».

Los tres que sacaron Excelente, y lo que costaban

De los treinta modelos, solo tres obtuvieron la calificación de Excelente en durabilidad. Un 10 %.

ModeloPrecioTejido
CIMARRÓN JEANS 3018 corte 7121 B57$649.00100 % algodón
FUROR New Marshall T101030030332$649.0098.52 % algodón / 1.48 % elastano
LEVI’S 510$449.0086.27 % algodón / 12.38 % poliéster / 1.35 % elastano

Precio promedio de los tres: 582.33 pesos. Precio promedio de los veintisiete restantes: 626.81 pesos.

Los que mejor aguantaron el laboratorio costaban, en promedio, menos que los demás.

Los tres más caros del estudio, y lo que sacaron

ModeloPrecioDurabilidad
BIG JOHN BJPL26111106$958.00Muy bueno
BIG JOHN Wyoming BJPR2611117$958.00Muy bueno
MEMBER’S MARK MMJNS2025$932.50Muy bueno

Ninguno Excelente. Y no solo ellos: cinco modelos del estudio cuestan más que el Excelente más caro (649.00 pesos), y ninguno de los cinco obtuvo Excelente.

Del otro lado de la tabla, veintitrés modelos cuestan más que el Excelente más barato —el Levi’s 510, a 449.00 pesos— y tampoco lo alcanzaron. Pagar más que el mejor calificado no acercó a nadie a su resultado.

La correlación entre el precio y sacar Excelente en durabilidad, calculada sobre los treinta modelos, es −0.09. Negativa y prácticamente nula. Otra vez: muestra pequeña, no es prueba de nada por sí sola, y otra vez los hechos individuales no la necesitan.

Con lo que cuesta uno, te llevas tres

Los dos extremos del estudio son el FUROR Maverick de 314.63 pesos y los dos BIG JOHN de 958.00 pesos.

Los tres obtuvieron la misma calificación de durabilidad: Muy bueno.

Con el precio de un solo BIG JOHN te llevas tres pantalones FUROR y te sobran 14.11 pesos. Tres pantalones que, según el laboratorio que los midió con el mismo método el mismo mes, aguantan igual.

No estoy diciendo que sean el mismo pantalón. Hay corte, hay caída, hay cómo le queda a cada quien, hay cuánto dura el color y hay gusto, que es legítimo y no necesita justificarse con una prueba de abrasión. Lo que digo es lo único que dicen los datos: en la variable que el laboratorio midió, y que pesó el 45 % de su evaluación, la diferencia de precio no compró diferencia de resultado.

El matiz: qué no dice este estudio

Tres cosas que conviene no leer de más.

No midió cuántos años duran. Midió resistencia a la abrasión, a la tensión y al rasgado en laboratorio. Es un buen predictor de duración, no es una medición de duración. Nadie usó esos pantalones tres años.

Ningún modelo salió Excelente en el promedio general. El estudio lo dice con todas sus letras: «Ningún modelo calificó Excelente al promediar todas las pruebas». Los tres Excelentes lo son en durabilidad, no en todo.

Los precios son los del momento de la compra, entre abril y junio de 2026, en los establecimientos donde Profeco tomó las muestras. No son los precios de hoy ni los de tu ciudad.

Con esos tres límites encima, la señal sigue en pie. Y es una señal que cuesta trabajo explicar si uno cree que el precio mide calidad.

Mezclilla precio durabilidad profeco

Tres pares más, en el mismo estudio, con la misma historia

Antes de pasar al método conviene cerrar la evidencia, porque el estudio de papelería trae algo que los bolígrafos no: pares de productos que el laboratorio calificó como de calidad comparable y que cuestan muy distinto. El propio documento los señala como ejemplo.

CategoríaEl baratoPrecioEl caroPrecioSobreprecio
Cuaderno plastificadoFIRST CLASS$29.40NORMA$84.732.88×
Goma, precio por piezaMAPED$13.01STAEDTLER$35.282.71×
Juego de geometríaMAPED$37.02VINCI$94.482.55×

Las gomas venían en paquete de dos: 26.02 pesos las MAPED y 70.55 las STAEDTLER, que divididos dan los precios por pieza de la tabla. En la prueba de desgaste, las dos marcas están entre las cuatro que el laboratorio calificó Excelente, con un índice de desgaste inferior al 1.0 %, y las dos están también entre las mejores borrando.

El sobreprecio medio de los tres pares es de 2.72 veces.

Es decir: casi tres veces el precio, por productos que el laboratorio que los midió calificó de forma comparable. El estudio lo resume sin dramatismo: «En el mercado encontrarás productos con calidad similar, pero a distintos precios».

Con esto tenemos tres categorías independientes (plumas, pantalones y papelería) medidas por el mismo laboratorio en el mismo año, apuntando en la misma dirección. Ahora sí, el método.

La regla que convierte «es que dura más» en una cuenta

Aquí está el centro del artículo. Todo lo anterior era evidencia; esto es la herramienta.

El punto de empate

Cuando tienes dos productos enfrente y uno cuesta más, la pregunta útil no es «¿cuál es mejor?». Es esta:

¿Cuánto más tiene que durar el caro para que los dos me salgan al mismo precio por uso?

Y tiene una respuesta exacta, que cabe en una línea:

La razón entre los dos precios es la duración mínima que le tienes que exigir al caro.

Si uno cuesta el doble, tiene que durar más del doble. Si cuesta el triple, más del triple. No «algo más». Exactamente esa proporción, y a partir de ahí, mejor.

Con los dos extremos del estudio de mezclilla: 958.00 entre 314.63 da 3.0448. El pantalón de 958 pesos tiene que durar 3.04 veces más que el de 314.63 solo para empatar. Si el barato aguanta dos años de uso, el caro necesita 6.09 años para quedar igual. Si el barato aguanta tres, el caro necesita nueve.

Cuando uno lo plantea así, la pregunta cambia de tono. Ya no es si el caro es mejor: es si alguien está dispuesto a sostener que va a durar seis años de uso real frente a dos. Esa afirmación es mucho más fuerte que «es de mejor calidad», y es la que de verdad estás comprando.

La tabla de la regla, para que no tengas que calcular

Si pagas…Tiene que durar…Es decir
1.25 veces más1.25 veces más+25 % de vida
1.5 veces más1.5 veces más+50 % de vida
2 veces más2 veces másEl doble
3 veces más3 veces másEl triple
4 veces más4 veces másCuatro veces
5 veces más5 veces másCinco veces
10 veces más10 veces másDiez veces

Parece trivial escrita así, y esa es justamente la gracia. La regla es obvia en cuanto la ves, y casi nadie la aplica en la tienda, donde lo que se compara es «600 contra 1,800» y no «uno contra tres».

Un truco de bolsillo que uso: convierte los dos precios en una sola fracción antes de mirar nada más. No «cuesta 1,200 pesos más», sino «cuesta 2.4 veces». El cerebro trata los dos números de forma muy distinta, y solo el segundo se puede contrastar contra una promesa de duración.

Qué le hace un descuento al punto de empate

Un descuento no es solo dinero ahorrado: mueve el umbral de duración que tienes que exigir. Eso lo convierte en información utilizable, y es la mejor forma que conozco de decidir en una campaña de ofertas sin caer en el descuento inflado.

Con los mismos dos pantalones:

Descuento sobre el caroPrecio resultanteDuración mínima exigible
Sin descuento$958.003.04 veces
10 %$862.202.74 veces
20 %$766.402.44 veces
30 %$670.602.13 veces
50 %$479.001.52 veces

Un 30 % de descuento baja la exigencia de 3.04 a 2.13 veces. Sigue siendo mucho. Un 50 % la baja a 1.52, que ya es una promesa razonable para un producto claramente mejor construido.

Esto sirve como filtro en El Buen Fin o el Hot Sale mucho mejor que cualquier lista de precios anotados: te dice, para cada descuento, qué tendrías que creer para que la compra tenga sentido. Si al llegar al número no te lo crees, no era oferta. Es el mismo razonamiento que usamos al hablar del costo por uso como freno a la compra impulsiva, aplicado ahora al lado contrario del mostrador, y complementa bien la forma de distinguir una oferta real de un descuento inflado.

El costo por uso, con los supuestos a la vista

La otra cara de la misma moneda. Aquí sí hay que declarar supuestos, y los declaro: dos usos por semana, 104 usos al año. Sustituye por los tuyos si usas la prenda a diario o una vez al mes; la tabla se rehace sola.

Dura…Pantalón de $314.63Pantalón de $958.00
1 año (104 usos)$3.03 por uso$9.21 por uso
2 años (208 usos)$1.51$4.61
3 años (312 usos)$1.01$3.07
4 años (416 usos)$0.76$2.30
5 años (520 usos)$0.61$1.84

Lee la tabla en diagonal, que es donde está la información. El pantalón caro durando cinco años (1.84 por uso) todavía sale más caro que el barato durando tres (1.01). Para empatar con el barato de dos años, el caro necesita 633 usos, o sea 6.09 años a dos usos por semana.

Seis años de uso real de un pantalón. Puede pasar. No es lo que pasa normalmente.

Dónde falla esta regla, y falla

Tres situaciones donde el punto de empate da una respuesta equivocada, y hay que saberlas.

Cuando el producto barato falla de golpe y el caro avisa. Una bomba de agua que se para en martes es un problema de dinero; una que se para en domingo con la casa llena puede ser otra cosa. El costo por uso no tiene manera de meter eso en la cuenta, y en herramientas de trabajo, equipo médico y todo lo que sostiene un negocio, esa diferencia puede ser más importante que la aritmética entera.

Cuando el barato tiene un costo de reemplazo que no es solo el precio. Cambiar tres veces de pantalón cuesta tres pantalones más tres viajes, tres pruebas, tres decisiones. Si valoras tu tiempo, el barato repetido es más caro de lo que dice la tabla. Este punto va en contra de todo lo que llevo argumentado y me parece el más fuerte de los tres.

Cuando el precio alto compra algo real que no es duración. Un colchón caro puede no durar más y aun así ser mejor compra, porque duermes en él mil noches. Una silla de oficina cara puede aguantar lo mismo que la barata y valer la diferencia por cómo te deja la espalda. La regla mide una sola dimensión, y hay compras donde esa dimensión no es la que importa.

Mi criterio, y va como criterio: el punto de empate manda cuando el producto es funcionalmente equivalente, que es la mayoría de las compras de casa. Cuando hay una diferencia de uso que puedes nombrar con precisión —esta silla me quita el dolor de espalda, este taladro lo uso para trabajar— la cuenta pasa a ser un piso, no un techo. Te dice cuánto estás pagando por esa diferencia, y con ese número decides tú.

Punto de empate productos duraderos

Lo que la ley mexicana sí te garantiza, y es menos de lo que crees

Cambio de terreno. Hasta aquí hemos mirado datos; ahora vamos a mirar qué te deben.

Esta sección es la que menos aparece en el contenido publicado sobre este tema, y la que más cambia decisiones concretas. Contiene el plazo mínimo exacto de garantía en México, los siete datos que la póliza está obligada a traer impresos, y una frase de la ley sobre refacciones que probablemente no has leído y que explica bastante de por qué los aparatos «ya no duran».

Aviso: lo que sigue es información general sobre normas vigentes, no asesoría legal. Para un caso concreto, con un contrato concreto y un proveedor concreto, hay que consultar a un profesional o acudir directamente a Profeco.

La garantía mínima: tres meses y un año

La NOM-024-SCFI-2013, que regula la información comercial de empaques, instructivos y garantías de los productos electrónicos, eléctricos y electrodomésticos, fija el piso en su numeral 7.1.1, inciso e). La duración de la garantía, dice,

«no puede ser menor a tres meses para el caso de productos eléctricos y electrónicos y, para el caso de electrodomésticos, no puede ser menor de un año»

Esos son los mínimos legales en México. Tres meses y un año.

Conviene mirarlos junto a la vida que uno espera del aparato. Si un electrodoméstico va a acompañarte diez años, un año de garantía cubre el 10 % de su vida. Si lo que compraste entra en la categoría de eléctrico o electrónico y le calculas diez años, tres meses cubren el 2.47 %.

Nada de eso es ilegal ni escandaloso. Es simplemente la proporción real entre lo que te garantizan y lo que esperas, y casi nadie la ha puesto en números.

La norma aplica, además, a más cosas de las que uno supone. Su campo de aplicación abarca «los productos nuevos, reconstruidos, usados o de segunda mano, así como los repuestos, accesorios y consumibles». Un aparato reacondicionado no está fuera.

Los siete datos que la póliza está obligada a traer

El mismo numeral 7.1.1 lista lo que la póliza debe contener. Son siete incisos, y los reproduzco porque son una lista de verificación gratuita que puedes correr antes de pagar, no después:

  • a) «Nombre, denominación o razón social y domicilio del o de los fabricantes nacionales, importadores o comercializadores».
  • b) «Identificación del modelo(s) y marca(s), de los productos».
  • c) «Nombre y dirección de los establecimientos en la República Mexicana donde se pueda hacer efectiva la garantía».
  • d) «Lugar en donde los consumidores puedan obtener las partes, componentes, consumibles y accesorios».
  • e) La duración, con los mínimos ya citados.
  • f) «Conceptos que cubre la garantía y limitaciones o excepciones».
  • g) «Procedimiento para hacer efectiva la garantía».

El inciso que a mí me parece el más útil de los siete, y el que nadie mira, es el d). La póliza está obligada a decirte dónde vas a conseguir refacciones. No en abstracto: un lugar.

Si ese renglón está vacío, es genérico, remite a un sitio web que no existe o manda a «cualquier centro autorizado» sin nombrar ninguno, eso es información sobre el producto y es información que tienes antes de pagar. En mi experiencia leyendo cajas, es el renglón más pobre de todos y el que más correlaciona con lo que pasa después.

El inciso c) sirve igual. Pide el «Nombre y dirección de los establecimientos en la República Mexicana», y esas cuatro últimas palabras no admiten un correo electrónico en otro país. Si el único canal de garantía es un formulario web de una empresa sin domicilio en México, la póliza no cumple.

Mano de obra, piezas y transporte

El numeral 7.2 de la misma norma añade algo que mucha gente ignora y que termina pagando de su bolsa:

«Las garantías deben amparar todas las piezas y componentes del producto e incluir la mano de obra»

La norma señala además que el proveedor debe reemplazar cualquier pieza o componente defectuoso sin costo adicional y cubrir los gastos de transportación del producto dentro de su red de servicio.

En términos prácticos: dentro de la garantía, la mano de obra no se cobra y el traslado dentro de la red del propio proveedor tampoco. Si un centro de servicio te cobra diagnóstico o mano de obra por una falla amparada, tienes con qué discutirlo, y la referencia exacta es el numeral 7.2 de esta norma.

El artículo 80 y la frase que explica todo

Ahora el hallazgo de esta sección, y a mi juicio el del artículo entero.

La Ley Federal de Protección al Consumidor tiene un artículo específico sobre refacciones. Es el 80, y dice así:

«Los productores deberán asegurar y responder del suministro oportuno de partes y refacciones, así como del servicio de reparación, durante el término de vigencia de la garantía y, posteriormente, durante el tiempo en que los productos sigan fabricándose, armándose o distribuyéndose»

Léelo otra vez despacio, porque la trampa está en la segunda mitad.

La obligación de suministrar refacciones no dura un número de años. Dura lo que el fabricante decida que dura su propio catálogo. Mientras el modelo se siga fabricando, armando o distribuyendo, hay obligación. El día que la empresa lo descontinúa, la obligación se apaga sola.

Esa es, en una sola frase de ley, la razón administrativa de por qué un aparato de siete años se vuelve irreparable sin que nada se haya roto en él: se rompió una pieza cuyo suministro ya no tiene respaldo legal. Y quien decide cuándo ocurre eso es la misma empresa que vende el reemplazo.

No es una acusación de mala fe. Es la descripción de cómo está escrita la regla y de quién tiene el control de la variable.

Lo que sí saco de ahí, como criterio propio: antes de comprar algo caro que esperas conservar, vale preguntar hace cuánto salió ese modelo. Un modelo recién lanzado empieza su reloj de refacciones hoy. Uno que lleva cuatro años en el mercado y está a punto de ser sustituido ya consumió buena parte del suyo. Es una pregunta rara de hacer en una tienda y es completamente legítima.

La segunda mitad del artículo 80, que es todavía más interesante

El artículo no termina ahí. Sigue:

«Mediante normas oficiales mexicanas la Secretaría podrá disponer que determinados productos deben ser respaldados con una garantía de mayor vigencia por lo que se refiere al suministro de partes y refacciones, tomando en cuenta la durabilidad del producto»

O sea: la ley le da a la Secretaría de Economía la facultad expresa de fijar plazos más largos de refacciones, y de hacerlo tomando en cuenta la durabilidad del producto.

La facultad existe. Está escrita. Y la norma que gobierna precisamente los empaques, instructivos y garantías de los electrodomésticos —la NOM-024-SCFI-2013, que acabamos de revisar completa— no contiene ninguna cláusula que ejerza esa facultad, y no menciona en ningún punto las palabras «vida útil» ni «durabilidad».

De eso trata la sección siguiente.

Vicios ocultos: el artículo 82

Antes, dos artículos más que sirven en situaciones concretas.

El artículo 82 de la LFPC cubre el caso del defecto que aparece después:

«El consumidor puede optar por pedir la rescisión o la reducción de precio, y en cualquier caso, la indemnización por daños y perjuicios, cuando la cosa u objeto del contrato tenga defectos o vicios ocultos que la hagan impropia para los usos a que habitualmente se destine o que disminuya su calidad o la posibilidad de su uso. Cuando el consumidor opte por la rescisión, el proveedor tiene la obligación de reintegrar el precio pagado»

Esto es independiente de la garantía comercial. Un vicio oculto es un defecto que ya estaba y que no se veía, y el artículo no lo ata a un plazo de póliza.

La reparación también trae garantía, y son treinta días

El artículo 81 cubre algo muy común y muy poco conocido:

«En caso de que el producto haya sido reparado o sometido a mantenimiento y el mismo presente deficiencias imputables al autor de la reparación o del mantenimiento dentro de los treinta días naturales posteriores a la entrega del producto al consumidor, éste tendrá derecho a que sea reparado o mantenido de nuevo sin costo alguno. Si el plazo de la garantía es superior a los treinta días naturales, se estará a dicho plazo»

Treinta días naturales de garantía sobre el trabajo del taller, por ley, aunque nadie te haya dado un papel. Son el 8.2 % de un año, lo cual es poco, y son infinitamente más que cero, que es lo que la mayoría de la gente cree tener.

Y hay dos artículos más que conviene tener a mano. El 78 obliga a que la póliza se expida por escrito «de manera clara y precisa» y se entregue «al consumidor al momento de recibir éste el bien o servicio». El 79 establece que el cumplimiento de la garantía «es exigible, indistintamente, al productor y al importador del bien o servicio, así como al distribuidor». Esa palabra, indistintamente, es la que te permite reclamarle a la tienda donde compraste y no solo al fabricante.

Infografía de lo que la ley mexicana obliga en garantías: plazos mínimos de tres meses y un año, los siete datos obligatorios de la póliza y el artículo 80 sobre refacciones. Pie de foto: Lo que te deben por ley, con norma y numeral. Los plazos mínimos, los siete datos que la póliza tiene que traer impresos y el límite del artículo 80 al suministro de refacciones.

La palabra que no aparece en ninguna norma

Lo que la NOM-024 gobierna y lo que no menciona

Recapitulemos lo que esa norma cubre. Qué debe decir el empaque. Qué debe traer el instructivo. Qué debe contener la póliza de garantía, en siete incisos. Cuánto debe durar esa garantía como mínimo. Qué debe amparar. Dónde se hace efectiva. Se aplica a productos nuevos, reconstruidos, usados y de segunda mano, y también a repuestos, accesorios y consumibles.

Es un documento minucioso sobre el papel que acompaña al aparato.

Y en ninguna parte de ese documento se le pide al fabricante que declare cuánto dura el producto. No hay una cifra de vida útil. No hay ciclos. No hay horas. No hay un número que puedas comparar entre dos modelos en el mismo estante.

Esto no es una crítica al organismo que la escribió, y conviene decirlo con claridad. La norma se llama «Información comercial para empaques, instructivos y garantías»: hace exactamente lo que su título anuncia, y lo hace con bastante detalle. La ausencia no es un descuido dentro del documento. Es que ese documento nunca se propuso resolver esa pregunta.

Lo señalo porque tiene una consecuencia práctica inmediata: cuando un empaque dice «alta durabilidad» o «diseñado para durar», no hay ninguna definición normativa detrás de esa frase. No hay una prueba que se tenga que aprobar para escribirla, ni un umbral que se tenga que superar, ni una unidad en la que se tenga que expresar. Es publicidad, en el sentido más estricto de la palabra, y la ley no la obliga a ser nada más.

El poder que la ley da y la norma no ejerce

Pon las dos piezas juntas y aparece el hueco entero.

El artículo 80 de la LFPC dice que la Secretaría puede fijar plazos mayores de refacciones mediante normas oficiales mexicanas, tomando en cuenta la durabilidad del producto. La norma oficial mexicana que gobierna los electrodomésticos no fija ningún plazo de ese tipo, y tampoco define durabilidad.

De manera que la facultad legal existe desde que existe la ley, y el instrumento que tendría que usarla, en la categoría donde más se necesitaría, no la usa.

Un apunte de método, porque este tipo de hallazgo se presta a exagerar. Lo que puedo afirmar es lo que leí: revisé la NOM-024-SCFI-2013 y no contiene un requisito de durabilidad ni de vida útil declarada. No puedo afirmar que ninguna norma mexicana lo haga para ningún producto; no he revisado el catálogo completo de NOM, que es enorme. Lo que sí queda claro es que en la norma específica de garantías de electrodomésticos —el documento donde uno esperaría encontrarlo— no está.

Por qué esto es un problema para ti, y no solo un tecnicismo

Si nadie está obligado a declarar cuánto dura un producto, entonces no existe ninguna cifra oficial de durabilidad que puedas comparar entre dos modelos. Es la explicación completa de por qué esta pregunta es tan difícil de contestar, y no tiene nada que ver con que la gente no busque bien.

Hay una excepción, una sola, y es tan buena que se merece su propia sección.

El número que ya viene impreso junto al precio

Hay una categoría donde México sí obliga a poner un número medido en la etiqueta, al lado del precio, en la misma sala de la tienda. No es de durabilidad. Es de consumo, y decide una parte enorme de lo que vas a gastar.

Qué obliga a poner la NOM-015-ENER-2018

La norma fija, en sus palabras, «los límites máximos de consumo de energía de los refrigeradores y congeladores de uso doméstico operados por motocompresor hermético», establece los métodos de prueba y especifica «la etiqueta de consumo de energía y su contenido».

Esa etiqueta, la que casi todo el mundo arranca al llegar a casa, debe traer, entre otras cosas:

  • «Consumo de Energía (kWh/año)», con la cifra anual en números enteros y en negritas.
  • «Límite de Consumo de Energía (kWh/año)», o sea el máximo que la norma permite para ese tipo y tamaño de aparato.
  • El porcentaje de ahorro de energía, calculado según la propia norma como «Ahorro de Energía = (1-Consumo de Energía/Límite de Consumo de Energía) x 100».

Léelo con atención, porque es un regalo. La etiqueta no trae solo el consumo: trae el consumo, el límite aplicable y la distancia entre los dos. Es decir, te entrega la comparación ya hecha, y está impresa a medio metro del precio.

La fórmula del límite, con sus coeficientes

El límite sale de una ecuación publicada en la propia norma, distinta para cada tipo de aparato. Para un refrigerador-congelador de deshielo automático con congelador en la parte superior y sin fábrica de hielo, es:

E<sub>máx</sub> = 0.285 × V<sub>A</sub> + 233.7

donde E<sub>máx</sub> es el consumo máximo anual en kWh/año y V<sub>A</sub> es el volumen total ajustado en litros. Otros tipos tienen coeficientes distintos: 0.282 y 225.0 para el de deshielo manual, 0.197 y 193.7 para un congelador vertical de deshielo manual, 0.257 y 107.8 para uno horizontal.

Sustituyendo, el límite queda así:

Volumen ajustadoLímite (kWh/año)
250 L304.95
300 L319.20
350 L333.45
400 L347.70
450 L361.95
500 L376.20

Cálculo propio a partir de la ecuación de la norma.

Cuánto separa a dos refrigeradores en diez años

Trabajemos con un aparato de 400 litros de volumen ajustado, donde el límite son 347.70 kWh al año.

Un modelo que consuma justo el límite gasta esos 347.70. Un modelo cuya etiqueta declare 25 % de ahorro gasta 260.77. La diferencia es de 86.93 kWh al año, y en diez años son 869.25 kWh.

Ahorro declarado en la etiquetaConsumo (kWh/año)Diferencia anualDiferencia a 10 años
10 %312.9334.77347.70 kWh
20 %278.1669.54695.40 kWh
25 %260.7786.93869.25 kWh
30 %243.39104.311,043.10 kWh
40 %208.62139.081,390.80 kWh

Cómo sacar tu precio real por kilowatt-hora en treinta segundos

Aquí hay que hacer una advertencia, y prefiero hacerla que rellenar el hueco.

No publico una tarifa de electricidad. Los portales de tarifas de la Comisión Federal de Electricidad no respondieron a la consulta automatizada con la que se verifica cada cifra de este blog, y copiar el número de un blog que lo copió de otro es exactamente lo que este artículo recomienda no hacer. Además, el precio por kilowatt-hora en México depende de la tarifa que te corresponde, del bloque de consumo en el que caigas y de la temporada, así que un número único sería engañoso aunque lo tuviera verificado.

Hay algo mejor, y lo tienes en casa: divide el total de tu recibo entre los kilowatt-hora facturados.

Ese cociente es tu precio real por kWh, con impuestos y cargos incluidos, para tu consumo y tu tarifa. Es más útil que cualquier tabla publicada porque es el tuyo. Con él, la rejilla siguiente convierte los kilowatt-hora de arriba en pesos. Es aritmética pura, no una tarifa:

Si tu kWh sale en…Ahorro a 10 años (869.25 kWh)
$1.00$869.25
$1.50$1,303.88
$2.00$1,738.50
$2.50$2,173.13
$3.00$2,607.75
$3.50$3,042.38
$4.00$3,477.00

Esta rutina, la de mirar el recibo con atención una vez, es la misma que recomendamos al hablar de revisar los gastos recurrentes cada mes, y aquí paga doble.

El punto de empate del sobreprecio

Ahora la pregunta que importa, que es la de siempre pero en su versión eléctrica: si el modelo eficiente cuesta más, ¿desde qué precio de la luz se paga solo?

Sale de una división: el sobreprecio entre los kilowatt-hora ahorrados en el periodo.

Si el eficiente cuesta… másSe paga solo en 10 años si tu kWh cuesta más de…
$500$0.58
$1,000$1.15
$1,500$1.73
$2,000$2.30
$3,000$3.45
$4,000$4.60

Y el mismo sobreprecio de 1,500 pesos, en tres horizontes distintos:

HorizontekWh ahorradosPrecio del kWh necesario para empatar
5 años434.63$3.45
10 años869.25$1.73
15 años1,303.88$1.15

Fíjate en lo que dice la última tabla, porque es el punto fino de toda la sección: el mismo aparato, al mismo precio, es buena o mala compra según cuántos años lo vayas a tener. El horizonte de tenencia no es un detalle de la cuenta: es la mitad de la cuenta. Y es la variable que tú controlas y el fabricante no.

Una nota honesta sobre este cálculo: supone que el refrigerador consume durante diez años lo que la etiqueta declara, y eso no es exacto. Los aparatos pierden eficiencia con el tiempo, el consumo real depende de cuántas veces se abre la puerta, de dónde está colocado y del clima de tu ciudad, y la propia norma advierte que el consumo varía con los hábitos del usuario. La cifra de la etiqueta sale de una prueba de laboratorio a temperatura controlada. Sirve para comparar dos modelos entre sí, que es exactamente para lo que la estamos usando, y no para predecir tu recibo.

Etiqueta consumo energia kwh refrigerador

Reparar o reemplazar: la regla del 50 % está mal planteada

Hay una regla que circula en todas partes: si la reparación cuesta más de la mitad de uno nuevo, cámbialo. A veces es el 40 %, a veces el 60 %. Siempre es un porcentaje solo.

Esa regla está mal, y no por el número. Está mal por lo que no pregunta.

Por qué el porcentaje solo no decide nada

Una reparación de 3,000 pesos que hace que el aparato aguante cinco años más no es la misma decisión que una reparación de 3,000 pesos que lo mantiene vivo seis meses. El porcentaje es idéntico en los dos casos. La decisión es opuesta.

Lo que falta en la regla popular es el denominador: cuántos años compra esa reparación.

La cuenta correcta: pesos por año ganado

La comparación honesta pone las dos opciones en la misma unidad, que son pesos por año de servicio:

Repara si (costo de la reparación ÷ años que gana) es menor que (precio de uno nuevo ÷ años que dura el nuevo).

Las dos partes tienen la misma forma. Las dos son un costo anualizado. Y a diferencia del porcentaje suelto, esta sí se puede contestar con las cifras que tienes: el presupuesto del taller, lo que cuesta uno nuevo, y dos estimaciones de años que puedes hacer tú o pedirle al técnico.

La rejilla completa

Con un aparato nuevo de 8,000 pesos que esperas que dure 10 años, el umbral es de 800 pesos por año. Cualquier reparación que salga por debajo de esa cifra por año ganado conviene. Las celdas marcadas con asterisco son las que pasan el umbral.

Costo de la reparaciónGana 1 año2 años3 años4 años5 años
$800 (10 % del nuevo)$800 *$400 *$267 *$200 *$160 *
$1,600 (20 %)$1,600$800 *$533 *$400 *$320 *
$2,400 (30 %)$2,400$1,200$800 *$600 *$480 *
$3,200 (40 %)$3,200$1,600$1,067$800 *$640 *
$4,000 (50 %)$4,000$2,000$1,333$1,000$800 *
$4,800 (60 %)$4,800$2,400$1,600$1,200$960

Cálculo propio. El asterisco marca las combinaciones que igualan o mejoran los 800 pesos por año de comprar uno nuevo.

Mira la fila del 50 %, que es la de la regla popular. Si esa reparación compra cinco años, sale exactamente igual que comprar uno nuevo. La regla que dice «cámbialo» estaría dando la respuesta equivocada, o al menos una respuesta que la aritmética no respalda.

Y mira la fila del 10 %. Una reparación barata que solo compra un año ya está justo en el límite. Barato no significa automáticamente que convenga.

El caso frontera exacto

Hay una celda en la rejilla que conviene aislar, porque es el punto donde la cuenta deja de servir.

Una reparación del 40 % del precio de uno nuevo que compra exactamente 4 años sale en 800 pesos por año. Un aparato nuevo de 8,000 pesos con 10 años por delante sale en 800 pesos por año. Son idénticos: 0.40 × 8,000 ÷ 4 = 800, y 8,000 ÷ 10 = 800.

Empate perfecto. Y eso es información, no un problema: cuando la cuenta empata, deciden las cosas que la cuenta no mide. El aparato nuevo trae garantía y el reparado no. El nuevo probablemente consume menos energía, y la sección anterior te dice cómo ponerle número a eso. El reparado no te obliga a ir a comprar, a esperar la entrega ni a deshacerte del viejo. Y hay un argumento ambiental que no cabe en pesos y a mucha gente le importa.

Cuando la aritmética empata, cualquiera de esas razones es suficiente para decidir, y ninguna necesita disfrazarse de cálculo.

La versión sin pesos, para cualquier aparato

La regla se puede escribir sin ningún peso, y así sirve para todo:

Repara si la fracción del precio nuevo que cuesta la reparación, dividida entre los años que gana, es menor que 1 dividido entre los años que dura uno nuevo.

Que en la práctica se traduce en esta tabla de bolsillo, para una reparación que compre tres años:

Si uno nuevo dura…La reparación conviene si cuesta menos del…
5 años60 % del precio nuevo
8 años37.5 %
10 años30 %
15 años20 %

Lo interesante de esta tabla es que invierte la intuición. Cuanto más duradero es el aparato nuevo, menos conviene reparar el viejo, porque el nuevo reparte su precio entre más años. Con aparatos de vida corta, reparar casi siempre gana. Con aparatos de vida larga, la vara está mucho más alta de lo que dice la regla del 50 %.

Dos notas para usar esto sin engañarse. La primera: los años que gana una reparación son una estimación, y quien mejor puede hacerla es el técnico que abrió el aparato. Preguntárselo de frente —«¿cuánto calcula que aguanta después de esto?»— es la pregunta más rentable de toda la conversación. La segunda: si el mismo aparato ya te llevó al taller dos veces en un año, la estimación de años que gana la tercera reparación debería bajar mucho, y con ella cambia toda la cuenta. Esto se parece bastante a la lógica del mantenimiento preventivo como decisión económica, donde lo que se compra no es una reparación sino años de servicio.

Reparar o reemplazar rejilla decision

Cuatro fuentes públicas y gratuitas que puedes consultar antes de pagar

Existen, son de acceso libre y casi nadie las usa. Cada una tiene un límite que conviene conocer antes que la fuente misma.

Los estudios del Laboratorio Profeco

Es la mejor de las cuatro y la más desaprovechada. Profeco mantiene un laboratorio que compra productos en el mercado, los prueba con métodos publicados y saca los resultados con marca, modelo y precio, en la Revista del Consumidor.

Qué te da: mediciones físicas comparables entre productos de la misma categoría, hechas el mismo mes con el mismo método. Es el tipo de evidencia que no existe en ninguna reseña.

Qué no te da: cobertura. El laboratorio estudia las categorías que estudia, cuando las estudia. Si lo que vas a comprar no ha pasado por ahí, no hay nada, y no hay forma de pedirlo.

Cómo usarlo bien: busca la categoría antes de ir a la tienda, no después. Y si el estudio tiene más de dos o tres años, trátalo como un indicio sobre la categoría y no como un veredicto sobre el modelo, porque los modelos cambian.

El Buró Comercial

Es un portal de Profeco donde se consulta el historial de quejas de un proveedor. Se busca por nombre comercial o razón social, sin acentos ni abreviaturas, o filtrando por giro.

Publica, en sus palabras, las «quejas recibidas y su estado procesal» y los «principales motivos de reclamación». Los datos que muestra hoy cubren del 1 de enero de 2019 al 31 de agosto de 2026, que son poco más de siete años y medio.

El límite, y el propio portal lo declara: solo muestra quejas concluidas o información que legalmente puede divulgarse. Las quejas en trámite son reservadas. Así que la base no refleja todas las quejas que Profeco ha recibido, y eso hay que tenerlo presente al leer un número bajo.

Cómo usarlo bien, que es lo que casi nadie hace: el dato útil no es cuántas quejas tiene una empresa, porque una empresa grande tendrá más quejas que una chica por el simple hecho de vender más. El dato útil son los motivos de reclamación. Si el motivo dominante de una marca de electrodomésticos es «negativa a hacer efectiva la garantía» o «no entrega del producto», eso predice tu experiencia mucho mejor que el conteo. Es la misma lógica que aplicamos al elegir un proveedor confiable: mirar el patrón, no el volumen.

La etiqueta de consumo de energía

Ya la trabajamos entera. Es la única cifra medida que la ley obliga a poner junto al precio, y trae además el límite y la distancia al límite.

El límite: solo cubre las categorías con norma de eficiencia energética, y mide consumo, no duración. Un refrigerador muy eficiente puede descomponerse a los tres años.

La póliza de garantía, leída antes de comprar

La cuarta fuente no está en internet: está dentro de la caja, y muchas tiendas te la enseñan si la pides.

Con los siete incisos de la NOM-024 en la mano, la póliza te dice dónde se hace efectiva la garantía en México, cuánto dura, qué cubre, qué excluye y —el renglón que a mí me parece el mejor predictor— dónde vas a conseguir refacciones.

El límite: que la póliza diga lo correcto no garantiza que la empresa cumpla. Es información necesaria y no suficiente. Por eso se cruza con el Buró Comercial: la póliza dice qué prometen, el Buró dice cómo les ha ido cumpliendo. Y si la compra es a distancia, esta revisión se suma a la de qué revisar antes de comprar en línea, donde la póliza suele estar todavía más escondida.

Lo que ninguna de las cuatro te da

Ninguna te dice cuántos años va a durar el producto que estás mirando.

Repito el punto porque es el resultado más importante del artículo y el más fácil de olvidar entre tanta tabla: esa cifra no existe, no porque nadie la haya buscado, sino porque nadie está obligado a producirla. Todo lo que estas cuatro fuentes hacen es reducir el margen de error. Eso es mucho, y no es lo mismo que certeza.

Cuatro fuentes publicas antes de comprar

Las señales que sí predicen una vida corta

Esta sección es criterio propio, y lo marco de entrada: no hay estudio detrás de ella. Es observación organizada, y va como observación organizada.

Dicho eso, son señales que se pueden verificar en la tienda en un par de minutos, y las ordeno de más a menos fiable según mi propio juicio.

La póliza no dice dónde conseguir refacciones

La primera y la mejor. La norma obliga a que ese renglón esté lleno con un lugar concreto. Cuando está vacío, es genérico o remite a un canal que no existe en México, ya tienes información: alguien que planea sostener refacciones diez años normalmente sabe decirte dónde.

El modelo lleva años en el mercado y está a punto de ser sustituido

Por el artículo 80: la obligación de refacciones vive mientras el modelo se fabrique, arme o distribuya. Comprar el último ejemplar de una línea que se descontinúa es comprar un reloj de refacciones ya gastado. Esto convierte las liquidaciones de fin de línea en una decisión más delicada de lo que parecen.

No hay servicio técnico independiente para esa categoría

Si al aparato solo lo puede abrir el fabricante, tu única opción de reparación es la que él decida ofrecer y al precio que decida. Buscar en tu ciudad «reparación de» seguido de la categoría antes de comprar toma dos minutos y te dice si existe un mercado de reparación o no.

Las piezas de desgaste no se pueden cambiar por separado

La batería sellada, el cable no desmontable, el filtro que viene integrado en el bloque. Cuando la pieza que se gasta primero solo se vende unida a la que no se gasta, el precio de la reparación se dispara y muchas veces la vuelve absurda.

Todo el argumento de venta está en funciones y ninguno en construcción

Es una señal blanda y bastante reveladora. Cuando la caja habla de modos, aplicaciones y conectividad y no dice una palabra del material, del motor ni del número de ciclos, suele ser porque ahí no está la ventaja.

Tiene una pantalla o depende de una aplicación

Esto sí lo he visto una y otra vez. Un aparato con vida mecánica de quince años, atado a una aplicación que dejará de recibir actualizaciones en cinco, tiene una vida útil de cinco. La parte que primero deja de servir es la que no se puede reparar en ningún taller.

El precio es notoriamente bajo en una categoría donde eso es raro

Y aquí matizo mi propio artículo, que lleva varias secciones sosteniendo que el precio no predice la durabilidad. Es cierto dentro de un rango normal de mercado. Cuando algo cuesta la quinta parte de lo que cuesta todo lo demás de su clase, ya no estás comparando dentro del rango: estás mirando otra cosa. Ahí el precio sí informa, y la evidencia de Profeco no dice lo contrario, porque sus estudios comparan productos que compiten entre sí en el mismo mercado.

Y el complemento del mismo matiz: cuando algo cuesta cinco veces más que el resto de su clase, el precio tampoco está informando sobre durabilidad. Está informando sobre otra cosa (diseño, marca, servicio, posición) que puede valer mucho y que hay que comprar sabiendo lo que se compra.

No tiene dónde vivir en tu casa

La menos técnica y la que más veces he visto terminar mal. Un objeto que no tiene lugar asignado termina guardado, estorbando o roto. La durabilidad de algo que vive en el piso del clóset es un dato irrelevante, y ese cálculo es el mismo que hacemos al decidir dónde va a vivir lo que compras.

Senales de que algo no va a durar

Las seis preguntas antes de pagar

El método entero, reducido a lo que cabe en la cabeza frente al estante. En orden, y el orden importa: las dos primeras descartan la mayoría de las compras dudosas sin necesidad de llegar a las otras cuatro.

1. ¿Cuántas veces lo voy a usar, de verdad?

Antes que el precio, antes que la marca. Un número, aunque sea aproximado, y honesto.

Si la respuesta está por debajo de veinte usos, la discusión sobre durabilidad ya terminó: casi cualquier cosa aguanta veinte usos, y comprar la versión robusta es pagar por una resistencia que nunca vas a exigir. Si la respuesta es «todos los días durante años», conviene contestar todo lo que sigue.

2. ¿Cuál es la razón entre los dos precios?

No la diferencia: la razón. «Cuesta 2.4 veces», no «cuesta 1,200 pesos más».

Esa razón es la duración mínima que le tienes que exigir al caro. Si al decirla en voz alta —«este tiene que durar dos veces y media más que ese»— la frase suena improbable, ya contestaste.

3. ¿Qué dice la póliza en el renglón de refacciones?

Inciso d) del numeral 7.1.1. Un lugar concreto donde conseguir partes, componentes y accesorios. Es el renglón que más te dice sobre los próximos siete años y el que menos gente lee.

4. ¿Qué número medido hay impreso en la caja?

En refrigeradores y congeladores, el consumo en kWh/año, el límite y el porcentaje de ahorro. En otras categorías, lo que haya: capacidad, potencia, ciclos declarados. Cualquier cifra medida vale más que todos los adjetivos del empaque juntos.

Y si no hay ninguna cifra medida en toda la caja, eso también es un dato.

5. ¿Alguien lo midió por mí?

Busca la categoría en los estudios del Laboratorio Profeco y revisa el motivo dominante de queja de la marca en el Buró Comercial. Son cinco minutos con el teléfono en la mano, dentro de la tienda, y es la parte del método con mejor relación entre esfuerzo e información.

6. ¿Dónde va a vivir y qué va a costar mantenerlo?

El espacio y el costo recurrente. Un ejemplo con supuestos declarados: un aparato de 5,000 pesos que usas diario durante diez años sale a 1.37 pesos por uso solo de compra. Si mantenerlo cuesta 300 pesos al año, esos son 3,000 pesos más en la década, el costo total sube a 8,000 y el costo por uso a 2.19 pesos. El mantenimiento aporta el 37.5 % del costo total de tenerlo.

Un tercio del costo total, y no está en la etiqueta del precio. Esa es la pregunta seis.

Cuánto dinero hay en juego, para dimensionar el esfuerzo

Conviene saber de qué tamaño es el problema antes de decidir cuánto esfuerzo merece.

Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares de 2024, el gasto corriente monetario promedio de un hogar mexicano es de 47,674 pesos trimestrales. De ahí, el rubro de enseres domésticos, artículos para limpieza y cuidado de la casa se lleva 3,014 pesos al trimestre, un 6.3 % del total. Al año son 12,056 pesos.

Ahora la advertencia, que es tan importante como la cifra: ese rubro mezcla el refrigerador con el cloro. Junta bienes duraderos con consumibles de limpieza, así que no es gasto en productos duraderos: es la cota superior de ese gasto. El número real es menor y la encuesta no lo separa en la presentación de resultados.

Aun así sirve para lo que lo traigo. Un hogar mexicano promedio mueve del orden de doce mil pesos al año por ese rubro. Mejorar un 10 % las decisiones de esa categoría vale unos 1,200 pesos anuales, y un punto porcentual vale 120.56 pesos al año. Eso pone el esfuerzo en perspectiva: leer una póliza y correr una división antes de una compra grande es barato comparado con lo que está en juego, y llenar una hoja de cálculo con doce variables para comprar una tostadora, no.

El rubro vecino, que es vivienda más servicios de conservación, energía eléctrica y combustibles, se lleva 4,346 pesos trimestrales, el 9.1 %, o 17,384 al año. Ahí es donde caen los kilowatt-hora de la sección del refrigerador, y por eso esa sección tiene el peso que tiene.

Qué haría yo, categoría por categoría

Esto es criterio propio, construido sobre lo anterior. Va sin ninguna pretensión de ser la única respuesta razonable.

Electrodomésticos grandes

Es donde más rinde el método completo. La garantía mínima de un año está en la norma, la etiqueta de energía trae número medido, hay servicio técnico, hay refacciones y la vida esperada es larga, que es la condición para que el costo anualizado decida algo.

Mi orden: la etiqueta de energía primero, la póliza después, el precio al final. Y la pregunta rara pero legítima sobre desde cuándo se vende ese modelo.

Electrónica de consumo

Es donde el método sirve menos, y conviene decirlo. La vida útil de un teléfono o una televisión rara vez la decide el hardware: la decide el soporte de software. La garantía mínima es de tres meses. Las refacciones dependen casi siempre del fabricante.

Mi criterio aquí es distinto: en electrónica, la pregunta no es cuánto dura el aparato sino cuántos años de actualizaciones ofrece. Es el único número que se parece a una vida útil declarada, y algunos fabricantes lo publican.

Ropa y calzado

Donde los datos de Profeco pegan más fuerte y donde, al mismo tiempo, el costo por uso miente más, porque la tercera pregunta —¿lo vas a seguir usando?— manda sobre las otras dos.

Mi criterio: comprar menos piezas y usarlas más, que es lo único que de verdad baja el costo por uso, y no confundir «esto es caro» con «esto va a durar». El estudio de mezclilla es bastante claro al respecto.

Muebles

Poca normativa, poca medición pública, mucha diferencia real de construcción. Es la categoría donde menos evidencia hay y donde más se nota la calidad con la mano.

Mi criterio: mirar herrajes, uniones y si las piezas de desgaste se reemplazan. Un sofá cuya tela se puede cambiar tiene dos vidas; uno cuya tela va pegada a la estructura tiene una.

Herramientas

La única categoría donde yo sí pagaría el sobreprecio sin discutir mucho, y por una razón que no es la durabilidad: por lo que cuesta que falle en medio de un trabajo.

Con un matiz que se aplica más veces de lo que se admite: para la herramienta que vas a usar tres veces en tu vida, la versión barata es la decisión correcta, y rentarla es todavía mejor.

Compras grandes de segunda mano

Aquí el método cambia de forma, porque el precio ya no lo fija un fabricante sino un vendedor particular, y la vida útil que queda es justo lo que se está negociando. La garantía mínima de la NOM-024 sigue aplicando a los productos usados o de segunda mano que se comercializan, según su propio campo de aplicación, pero entre particulares no hay póliza que leer.

Mi criterio: todo el esfuerzo se va a estimar los años que quedan, porque el punto de empate depende enteramente de esa cifra. En la compra usada más común de todas, la de un coche, eso se traduce en una revisión concreta, y le dedicamos un texto entero a qué revisar antes de comprar un auto usado.

Cocina y utensilios

Vida larga, tecnología estable, poca obsolescencia. Es donde el punto de empate funciona mejor y casi sin matices, porque una olla de hoy hace lo mismo que una de hace veinte años.

Tres matices que van contra este artículo

Los pongo juntos, al final y con su propio encabezado, porque un artículo que solo acumula argumentos a favor de su tesis está vendiendo algo.

Lo barato repetido cuesta más de lo que dice la cuenta

El costo por uso solo cuenta pesos. Comprar tres veces el mismo objeto cuesta, además, tres búsquedas, tres decisiones, tres traslados y el enojo de que se vuelva a romper. Nada de eso aparece en la tabla y todo eso es real.

Si valoras tu tiempo en algo, la columna de «tres veces lo barato» está subestimada, y la conclusión de la sección de mezclilla —tres pantalones por el precio de uno— es más discutible de lo que parece cuando se mira solo el número.

El costo por uso premia comprar más, no menos

Este es el matiz que menos me gusta y el más difícil de rebatir. La lógica del precio por uso dice que una prenda es más barata cuanto más la usas, lo cual es cierto. Pero la misma lógica, aplicada al revés, justifica cualquier compra siempre que uno se prometa usarla mucho, y esa promesa es exactamente la que la gente no cumple.

Usada sin cuidado, esta herramienta se convierte en una máquina de racionalizar compras. La defensa que se me ocurre es modesta: hacer la cuenta con el número de usos que te da la experiencia, no con el que te daría la buena intención. Si la última chamarra parecida la usaste diez veces, el denominador es diez.

Hay categorías donde el precio sí informa

Ya lo dije entre las señales y lo repito aquí porque es el límite más importante de toda la evidencia que usé. Los estudios de Profeco comparan productos que compiten entre sí, dentro de un mismo mercado y un mismo rango. Dentro de ese rango, el precio predice poco. Fuera de ese rango —en los extremos, arriba y abajo— la conclusión no aplica y sería deshonesto sugerir que sí.

Ninguno de los tres matices tumba el método. Los tres le ponen fronteras, y me parece que un lector merece conocerlas antes de usarlo.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura como mínimo la garantía de un electrodoméstico en México?

Un año. Lo fija la NOM-024-SCFI-2013 en su numeral 7.1.1, inciso e), que dice que la garantía «no puede ser menor de un año» para electrodomésticos. Para productos eléctricos y electrónicos el mínimo son tres meses.

¿El fabricante está obligado a venderme refacciones para siempre?

No. El artículo 80 de la Ley Federal de Protección al Consumidor lo obliga durante la vigencia de la garantía y, después, «durante el tiempo en que los productos sigan fabricándose, armándose o distribuyéndose». Cuando el modelo se descontinúa, esa obligación se acaba.

¿Existe alguna norma mexicana que obligue a decir cuántos años dura un producto?

En la norma que regula los empaques, instructivos y garantías de los electrónicos, eléctricos y electrodomésticos, la NOM-024-SCFI-2013, no existe ese requisito: la revisé completa y no menciona vida útil ni durabilidad. No puedo afirmarlo para el catálogo completo de normas mexicanas, que es muy grande.

¿Me pueden cobrar la mano de obra dentro de la garantía?

El numeral 7.2 de la NOM-024-SCFI-2013 dice que las garantías «deben amparar todas las piezas y componentes del producto e incluir la mano de obra». Ahí está la referencia para discutirlo.

¿Cuánto tiempo tengo de garantía sobre una reparación?

Treinta días naturales desde la entrega, por el artículo 81 de la LFPC, si la falla es imputable a quien hizo la reparación. Si la póliza del taller ofrece más, vale el plazo mayor.

¿A quién le reclamo, a la tienda o al fabricante?

A cualquiera de los dos. El artículo 79 de la LFPC dice que el cumplimiento de la garantía «es exigible, indistintamente, al productor y al importador del bien o servicio, así como al distribuidor», salvo que alguno haya asumido por escrito la obligación.

¿De verdad lo caro no dura más?

Dentro de un rango normal de mercado, la evidencia mexicana disponible no lo sostiene. En los catorce bolígrafos que midió el Laboratorio Profeco, los dos más caros salieron últimos en precio por metro escrito. En los treinta pantalones de mezclilla, los tres más caros no obtuvieron Excelente en durabilidad y los tres que sí lo obtuvieron costaban menos que el promedio del resto. Son dos categorías, no una ley general, y en los extremos de precio la conclusión no aplica.

¿Cómo sé cuál es mi precio real por kilowatt-hora?

Divide el total de tu recibo de luz entre los kilowatt-hora facturados. Ese cociente incluye impuestos y cargos, y corresponde a tu tarifa y tu nivel de consumo, que es más de lo que puede darte cualquier tabla publicada.

¿Conviene pagar una garantía extendida?

Es una decisión que se puede calcular con la misma regla del artículo: divide el costo de la garantía extendida entre los años adicionales que cubre y compáralo con el precio del aparato dividido entre su vida esperada. Si el primer número se acerca al segundo, estás pagando por año de cobertura casi lo que cuesta un año de aparato. No es un consejo financiero, es la misma aritmética aplicada a otro producto.

¿Cuándo conviene reparar y cuándo cambiar?

Repara si el costo de la reparación dividido entre los años que gana es menor que el precio de uno nuevo dividido entre los años que dura el nuevo. El porcentaje suelto —la regla del 50 %— no basta, porque ignora cuántos años compra la reparación.

¿Dónde consulto si una marca cumple sus garantías?

En el Buró Comercial de Profeco, que publica las quejas concluidas y sus motivos. Cubre del 1 de enero de 2019 al 31 de agosto de 2026. Mira los motivos dominantes, no el conteo total, y ten presente que las quejas en trámite no aparecen.

En una línea

Si de todo esto solo te llevas una cosa, que sea esta: antes de pagar, convierte los dos precios en una sola fracción y pregúntate si de verdad crees que el caro va a durar esa cantidad de veces más.

La respuesta honesta a esa pregunta resuelve la mayoría de las compras, no cuesta nada y no necesita ningún dato que no tengas ya enfrente. Todo lo demás de este artículo —las tablas, las normas, el laboratorio, la etiqueta— sirve para contestarla mejor. Pero la pregunta es la herramienta.

Y si quieres seguir por el mismo camino, el complemento natural es comprar mejor y tirar menos, que ataca el otro extremo del problema: lo que ya compraste y no estás usando.

Fuentes y metodología

Todas las fuentes se consultaron el 28 de septiembre de 2026.

Datos medidos

  • Profeco, Laboratorio Profeco. Estudio de calidad de útiles escolares. Revista del Consumidor núm. 594, agosto de 2026. Sumario del estudio en PDF. De aquí salen: los 94 productos, las 11,730 pruebas, el periodo del estudio (20 de abril al 11 de junio de 2026) y el de adquisición de muestras (28 de abril al 8 de junio), la tabla completa de los catorce bolígrafos con precio y metros lineales, el índice de desgaste de las gomas, los resultados de cuadernos y juegos de geometría, y los tres pares de productos de calidad comparable y precio distinto.
  • Profeco, Laboratorio Profeco. Estudio de calidad de pantalones de mezclilla para caballero. Revista del Consumidor núm. 593, julio de 2026. Sumario del estudio en PDF. De aquí salen: los 30 modelos, las 1,014 pruebas, la tabla de precios y calificaciones de durabilidad, la descripción de las tres pruebas de resistencia, los pesos de 45 % y 35 % en la evaluación general, y las dos frases citadas sobre que ningún modelo calificó Excelente en el promedio y sobre los cinco modelos que se encogieron.
  • INEGI, Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2024, comunicado de resultados. PDF. De aquí sale el gasto corriente monetario trimestral por hogar (47,674 pesos) y su desglose por rubros.

Normas y leyes

Cálculos propios, con sus supuestos

Todas las cuentas de este artículo se rehicieron con un guion que recalcula cada cifra a partir de los datos de origen. Los supuestos, uno por uno:

  • Costo por cada cien metros de los bolígrafos: precio ÷ metros × 100. Sin supuestos; es aritmética directa sobre los datos de Profeco.
  • Correlación precio-metros (r = 0.25): coeficiente de Pearson sobre las catorce observaciones. Con esa muestra no alcanza significancia estadística por ningún criterio convencional, y así se declara en el cuerpo del artículo.
  • Correlación precio-durabilidad de los pantalones (r = −0.09): correlación punto-biserial, codificando Excelente como 1 y Muy bueno como 0, sobre los treinta modelos. Mismo límite de muestra.
  • Punto de empate (3.0448): 958.00 ÷ 314.63. Sin supuestos.
  • Costo por uso de los pantalones: supuesto declarado de dos usos por semana, 104 usos al año. Sustituible.
  • Consumo de refrigeradores: ecuación E<sub>máx</sub> = 0.285 × V<sub>A</sub> + 233.7 de la NOM-015-ENER-2018, aplicada a un volumen ajustado de 400 litros. Supone que el aparato consume durante toda su vida lo que declara la etiqueta, lo cual no es exacto: los equipos pierden eficiencia, y el consumo real depende de la ubicación, el clima y el uso. La comparación entre dos modelos es válida; la predicción del recibo, no.
  • Rejilla de pesos por kilowatt-hora: es una tabla de multiplicación, no una tarifa. No publicamos ninguna tarifa eléctrica (ver limitaciones).
  • Rejilla de reparar o reemplazar: supuestos declarados de 8,000 pesos y diez años de vida para el aparato nuevo. La estructura de la tabla no depende de esas dos cifras; los pesos concretos sí.
  • Porcentajes de garantía sobre la vida del aparato: los tres meses se convirtieron a noventa días con una convención de treinta días por mes, que se declara porque cambia el segundo decimal.
  • Cifras de la ENIGH: se comprobó que los porcentajes publicados por el INEGI para cada rubro coinciden con los que resultan de dividir cada rubro entre el gasto corriente monetario total. Los seis rubros verificados cuadran.

Limitaciones

Cinco, y todas son reales.

No publicamos una tarifa eléctrica. Los portales de tarifas de la Comisión Federal de Electricidad no respondieron a la consulta automatizada con la que verificamos cada cifra. No buscamos la cifra por otra vía ni la copiamos de terceros: se sustituyó por el método de dividir el recibo entre los kilowatt-hora, que además es más preciso para cada lector.

No pudimos verificar los porcentajes de depreciación del artículo 34 de la Ley del Impuesto sobre la Renta, que habrían dado una referencia oficial mexicana de vida útil por tipo de bien. El portal del SAT y las copias institucionales que probamos no fueron accesibles o se truncaron antes de ese artículo. Se quedó fuera en lugar de citarlo de memoria.

El texto consolidado de la LFPC en el sitio de la Cámara de Diputados se trunca, para la consulta automatizada, en el artículo 66. Los artículos 77 a 82 se transcribieron de la copia del texto vigente del Poder Judicial de Querétaro y se contrastaron con el listado oficial de reformas de la propia Cámara, que no registra modificaciones a esos artículos. Es una verificación cruzada razonable y no es lo mismo que leerlos en el documento consolidado.

Dos categorías no son el mercado. Toda la evidencia medida de este artículo viene de dos estudios, sobre papelería y sobre mezclilla. Son sólidos y son mexicanos, y no autorizan a concluir que el precio nunca predice la durabilidad en ninguna categoría. Autorizan a dudar, que es distinto.

No revisamos el catálogo completo de normas oficiales mexicanas. Afirmamos que la NOM-024-SCFI-2013 no contiene requisitos de durabilidad porque la leímos entera. No afirmamos que ninguna norma mexicana los tenga para ningún producto.

Declaración de intereses

Ruta Inteligente no tiene relación comercial, de afiliación ni de patrocinio con ninguna de las marcas mencionadas en este artículo. Las marcas aparecen porque figuran en estudios públicos de un laboratorio del Estado mexicano, y aparecen todas las de esos estudios, no una selección. No recibimos comisión por ninguna compra, no hay enlaces de afiliado en este texto y no evaluamos ni calificamos productos: reproducimos, con su fuente, mediciones hechas por terceros.

Este artículo es informativo y no sustituye asesoría legal ni financiera profesional. Las normas y leyes citadas están vigentes a la fecha de consulta y pueden cambiar.

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